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SETEM - Perú

SETEM - Perú

Desarrollo agropecuario del Centro de Investigación y formación intercultural bilingüe Nopoki

nopokiDestino:   PERÚ - Atalaya, Ucayali, al norte del Perú. Zona Selvática
Entidad:   SETEM
Proyecto:   El Centro de Investigación y Formación Intercultural Nopoki forma a los jóvenes indígenas en Educación Intercultural Bilingüe, Ingeniería Agraria y Administración para que sean promotores de desarrollo en sus pueblos de la Amazonía peruana.
Duración de la estancia:   6 meses.

¡Hola de nuevo, Familia!

Hace un tiempo me despedía de vosotrxs, pero ya estoy más que de vuelta de unas maravillosas vacaciones que, a decir verdad, han tenido momentos muy diversos, preciosos, alegres e incluso algunos un poco feos y desagradables. Por el momento no me anticipo y voy a contaros todo desde el principio.

Cuando salí de Atalaya para disfrutar de mis deseadas vacaciones, eran las cinco de la madrugada. Me subí a aquel bote camino de Puerto Ocopa. Fue maravilloso poder ver como amanecía y se abría paso el río “Tambo” entre la frondosidad de tan variada vegetación. Siendo sincera, no es el medio más cómodo para viajar, pero si es un sitio privilegiado para visualizar tal espectáculo que gratuitamente ofrece nuestra “Madre tierra”. Tras diez horas en la embarcación, llegamos a una pequeña playa de Puerto Ocopa, que, sin siquiera haber bajado del bote ya estaban esperando diversos taxistas al grito de: “¡Satipo! ¡Satipo! ¡Quince soles!”

Entramos en uno de esos taxis, donde si cabe, era mucho más incómodo que el propio bote. Entre otras cosas, teníamos que compartir el asiento delantero, pero en este caso lo compartí con Julio, un chico de Nopoki que su parada final era Satipo. Tras una hora y media con el cuello a punto de romperse, llegamos a Satipo. Allí me esperaban varias horas por delante hasta coger el autobús que me llevaba a mi primer destino: Lima.

Cuando por fin logré montarme en el autobús, intenté por todos los medios quedarme dormida lo más pronto posible, ya que ahora me esperaban trece horas de trayecto.

El viaje fue bastante pesado, pero creo que tiene que ver con los anteriores medios de transporte y con la cantidad de horas que se necesitan para viajar, ya dije en mi primera entrada que las distancias son completamente diferentes a como estamos acostumbradxs.

Ahora sí, llegué a Lima. Como siempre, luciendo ese color gris que la caracteriza, el tráfico infernal que la detiene y mostrando sus diversas zonas tan variopintas. En ese momento nada me importaba porque ¡Empezaban mis vacaciones!

Ahora, esperaba muy impaciente la primera visita, ya que ha sido tanta la preparación y las ganas que no puedo controlar la euforia.

Cuando llegó Ibai era muy temprano. Yo estaba en el aeropuerto con antelación para darle una sorpresa y creedme, no falló. Después de tanto tiempo sin estar cerca de las personas que forman parte de mi realidad, la llegada de Ibai fue como un soplo de aire fresco en una tarde muy calurosa. En ese momento no tenía suficientes manos, brazos, ni palabras para envolver todo lo que sentía. Tras un rato mirando y abrazando, abrazando y mirando, realmente no podía creérmelo.

Disfrutamos de Barranco. Disfrutamos de todas esas calles que al final iban a parar al “Puente de los Suspiros”, de la gente que paseaba, vendía y cantaba. Disfrutamos el día y la noche de esa magia, de la “Pilsen muy helada” y sobre todo de la compañía.

Poco duró la tranquilidad, ya que empezábamos a preparar el siguiente destino: Cusco.

Si os gustan los colores, la amabilidad, la historia y las cositas bonitas como las “alpacas” os recomiendo al ciento por ciento que visitéis el lugar. Cusco te acoge como hermanx, te quiere y te deja ver todas sus entrañas. Te ofrece tanto que pareciera que estás en deuda con él. Cuando cae el sol entre las montañas, se convierte en naranja y apenas parpadeas, logras ver un espectáculo de luces que va desde lo más alto de la montaña hasta ti. En ese momento disfrutas en silencio unos minutos, eres capaz de apreciar todo lo que te rodea en esta misteriosa ciudad y si a todo ello le sumas la compañía, el siguiente paso es buscar ese lugar cálido donde tomar un “Pisco Souer” para seguir hablando de lo bello que es todo.

Apenas nos acabamos de enamorar de Cusco, cuando empezamos la ruta del “Valle Sagrado” donde el destino final es ni más ni menos que la auténtica maravilla del mundo “Machu Picchu”.

Los Andes, el nacimiento del gran río “Amazonas”, las construcciones, los contrastes, los colores, la inmensidad, el infinito, la majestuosidad… y un sinfín de belleza que nuestra diosa por excelencia, “La Pachamama”, nos regala sin interés alguno. Tras una visita más que a la altura, nos disponemos a coger el tren que nos llevará a “Aguas Calientes”, el pueblo al que le da vida “Machu Picchu”.

Cansadxs no es suficiente para describir como nos sentíamos, pero desde luego muy encantadxs y satisfechxs por tener la oportunidad de ver cosas que son realmente preciosas. Ahora tendríamos que guardar ganas para el siguiente día ya que ¡Nos espera Machu Picchu!

En esta fecha es temporada de lluvias, pero la mañana se abrió por completo. Ni una sola gota de agua. El sol era todo un señor, la forma en que calentaban los rayos era pura alegría. Satisfecho y seguro de sí mismo. Puedo imaginarlo con una sonrisa modesta, sabiendo que agradecemos su presencia y por ello se muestra amable.

Cuando llegamos, apenas articulamos palabra, nuestros sentidos hicieron su trabajo. El olor a hierba fresca podías saborearlo, acariciarlo e incluso escucharlo. La energía que desprende el lugar cala lo más profundo de tu ser. La mejor parte se la lleva la vista, abres tanto los ojos que no alcanza lo suficiente, quieres más y más. Por si no era suficiente, nos atrevimos con “Waynapicchu” que en quechua significa “Montaña Joven”. Y sí, puedes personificarla sin problema. Es enorme, fuerte, bella y derrocha frescura. Desde la cima puedes verlo todo. Puedes tener una vista increíble de Machu Picchu, pero te brinda muchas otras perspectivas que son fantásticas.

Nos sentimos afortunadxs. Creo que la palabra “Maravilla” es escasa para describirlo.

Pensamos que la mejor opción era exprimir el tiempo al máximo, de forma que no dimos ni un solo minuto de tregua a nuestro viaje.

“Agua Florida”, té de coca, hoja de coca, crema solar y ropa de abrigo era suficiente para aventurarnos en la famosa “montaña de los colores” aunque en inglés, “Rainbow Mountain” queda más “cool”. El camino es muy duro, ya que llegamos a los 5100 metros sobre el nivel del mar. Pareciera que te asfixias, la respiración es tan fuerte que los pulmones quieren salir de tu cuerpo, pero eso no impide que disfrutes del paisaje. En tal caso piensas:

“Estoy muerta, creo que voy a morir, pero ¿No te parece precioso? Merece la pena asfixiarte”.

Ibai estuvo animándome todo el camino, porque hay momentos en los que quisieras tirar la toalla y piensas que “esto no es lo tuyo”.

Por fin llegamos al punto más alto y sí, mereció la pena. Colores. Muchos colores. Es inexplicable cómo la tierra puede darnos cosas tan hermosas. Y, como casi todxs lxs guías suelen decir: “¡Llegó el momento Facebook!” fotos y más fotos. Qué pena no darle justicia con una imagen.

Con todo ello, Cusco es inefable.

Siguiente parada: ¡Puno!

A simple vista no parece tan bonita, pero tras pasear por la ciudad nos damos cuenta de que, en realidad, sigue sin ser bonita. Llegando de la ciudad Inca por excelencia y si cabe del ombligo del mundo, las expectativas estaban muy altas. Además, granizaba de forma que daba lástima no coger los trozos de hielo para preparar un “Pisco”. Fue una locura ver la forma tan agresiva en que el cielo se caía. Temimos por que nuestra visita a los “Uros” y “Taquile” estuviese a merced de este tiempo. Inti, de la forma en que los incas llamaban al sol, nos seguía sonriendo, así que nos dio “rienda suelta” para disfrutar del “Titi Caca” con todo lujo de detalles. No obstante, nos quiso dar una lección. Ese día se nos olvidó la crema protectora, así que imaginaos un irlandés el 25 de junio en Fuengirola…

Eso no fue obstáculo alguno. Ver las islas flotantes de los “Uros” es tan curioso como bello. Todo está elaborado con el junco. El suelo, las casas, los barcos, los adornos e incluso se usa para comer. Si hablamos de rentabilizar al máximo un solo recurso y originalidad, hablamos de los “Uros”.

“Taquile” es la segunda isla más grande del “Titi Caca” se trata de un pueblo donde sus gentes continúan las tradiciones de antaño. Sus actividades se desarrollan en torno a construcciones típicas de supervivencia y donde los roles no siguen la norma, por ejemplo, los hombres son mundialmente conocidos por ser los mejores tejedores, es más, no pueden contraer matrimonio si no logran hacer piezas que parecieran celestiales, ¡Así conquistan a las mujeres! Las mujeres tienen papeles tan importantes como es la gestión y organización de la isla. Muchas de ellas desempeñan un liderazgo clave en el proceso de desarrollo local y eso ¡Es fantástico!

Aunque Puno como ciudad no estuvo a la altura de nuestras expectativas, el “Titi Caca”, “Taquile” y sobre todo los “Uros” subieron la nota con sobresaliente a esta ciudad.

El entusiasmo por volver, las ganas de vivirla, el dejar fluir tus sentidos, llenarte de energía por la calle de “Las Brujas”, encontrarte de nuevo el filo entre la vida y la muerte de “Los Yungas”, la inmensidad, “Las cholitas” y la cuna de la revolución feminista en todas sus vertientes. ¿Escuchas? Es La Paz.

Si. Por la frontera de “Desaguadero” cruzamos a Bolivia.

Fue retroceder al pasado, al lugar que marco un antes y un después en mi vida. Me venían a la cabeza tantos recuerdos…

La vida me ha dejado verla de nuevo y mejor compañero que Ibai para compartirla, no existe.

Fueron escasos los días para disfrutarla, pero suficientes para recordar tanta pureza y amor. Esta vez me marcho sabiendo que es estática, que el tiempo se detiene cuando pones los pies sobre el suelo. Me marcho sabiendo que he encontrado cosas que me dan la vida. Me ha dado más motivos de por qué tú. Y nos ha dado un piano para que por fin sepamos cuál es nuestra canción. Estuviste acertado cuando en la mesa del restaurante escribiste: “La Paz sea contigo, hermanx”.

¡Vamos! ¡Rápido! ¡El tiempo se agota y tenemos mucho que ver!

Arequipa. La ciudad guardada y custodiada por el gran Mistic supervisado por el Condor. La que fuera una parada técnica, se convirtió en el lugar más gracioso del Perú. Allí nos esperaba Fernando, mi “pata” de Atalaya, que, nos mostró Arequipa en la mejor de sus formas. Chela “Arequipeña”. ¡Shhh! Espero no meterme en un lío, pero creo que la “Arequipeña” me gusta más que la “San Juan”.

Tras un reencuentro muy especial, nos disponemos a la que será nuestra última parada: Ica. En este transcurso, omitiré algunos fallos técnicos que a mí me parecieron muy divertidos, a Ibai no tanto. Creo que los recordaremos de por vida y os aseguro que terminará riéndose del momento.

Después de dieciséis horas de autobús, llegamos a Ica, el desierto del Perú. La “Huacachina”, es un pequeño oasis que te muestra un contraste tan diferente, que no imaginas que se tratase de un lugar de este país. Efectivamente, Perú no deja de sorprenderte vayas donde vayas.

Aquí supimos lo que es correr por el desierto en “Tubular”. Saltos, carreras, euforia… pura adrenalina. Espero no hagáis leña del árbol caído, pero en un descenso de montaña con una tabla de “Snow”, merendé la mitad del desierto de arena y me quedó para la cena.

Sin apenas más tiempo, concluimos el que ha sido un gran viaje. Regresamos a Lima y pudimos disfrutar por última vez de “Barranco”. En este sentido no me queda más que agradecerte, a ti, Ibai, por formar parte de momentos tan especiales y únicos como este. Muy triste me despido, pero sabiendo que ya está preparada la vuelta.

Apenas trascurren dos días y llega mi segunda visita. Un huracán, un terremoto, un tsunami, un volcán en erupción… ¡Qué tiemble Perú! ¡Mamá! ¡Papá! ¡Bienvenidxs!

Exacto. Mi mamá y mi papá han venido a verme. Como diría mi madre, han llegado a “trompicones”. Esa noche, “Iberia” estaba caprichosa y nos hizo esperar una hora y media hasta que llegaron los equipajes. Ellxs a un lado y yo al otro, desesperados por vernos y abrazarnos. De repente escucho el chiflido que caracteriza a mi madre y yo, que soy muy aficionada a saltarme los protocolos, cruzo la cinta de “no pasar” para derretirme en un abrazo que nos llega a los tres al alma.

Cansados pero entusiasmadas llegamos al hotel y, ¡Las Reinas Magas se han adelantado! Este año me he portado muy bien y me han traído todo lo que he pedido. Bocadillo de jamón ibérico, bocadillo de lomo de orza con sus pimientos fritos que con tanto cariño ha hecho Marisa, sin olvidar los turrones de chocolate que me compró. Latas de conserva producto de mis tías Encarni y Mª Dolores y roscos de Navidad de Maribel, nadie en el mundo los hace como ella, pero nadie los compra con tanto cariño como mi Pepe. ¿He dicho jamón ibérico? Gracias, mamaíta. Gracias, papaíto.

Como diría mi prima Rocío: “¡Ahora sí, nena!”

Disfruté y tengo videos que lo sustenta. Se me saltaron las lágrimas con cada bocado y me sabia a “gloria bendita”.

Una vez recompuesta por los manjares de nuestra tierra, empezó un nuevo viaje. En este caso la visita a Lima fue “express”, así que visitamos de forma apresurada los lugares tan puntuales que ofrece y sin más dilación, nos vamos para Cusco.

En este sentido recuerdo las palabras de Ruby cuando me dijo: ¡Qué dicha ver Cusco dos veces seguidas! Por ello, desde la primera vez que me encontré con la ciudad, pensé que no podrían ser más acertadas sus palabras.

Ahora tenemos 25 horas de trayecto, ya que no nos quedó otra opción que viajar en autobús dadas las fechas.

Al principio dije que no todo fue bonito durante las vacaciones, y es en este momento cuando las cosas se tuercen y aparece la excepción fea y, espero pronto olvidada. Cuando apenas quedan dos horas para llegar a nuestro destino, un desafortunado contratiempo nos envuelve. Nuestro autobús colisiona frontalmente con otro, donde las personas que se llevaron la peor parte se encontraban en los asientos delanteros del mismo. No solo tuvimos suerte dados nuestros asientos, sino que pudimos frenar en una zona donde había una explanada a diferencia de todo el tramo de acantilados.

Con el susto en el cuerpo, ayudamos a desalojar el autobús. Recuerdo a dos niñas muy pequeñitas que no paraban de llorar y que junto a su madre intenté retirarle los cristales de la luna que tenían enredados en el pelo. Fue un episodio triste y realmente no quiero darle más importancia, ya que arruina esta fabulosa entrada.

Por fin llegamos a Cusco, un poco sugestionadxs, pero con ganas de empezar la aventura.

Hicimos de nuevo la ruta del “Valle Sagrado” y “Machu Picchu”. Yo quería anticiparme a todo, pero guardé ganas sabiendo que mis padres estaban disfrutando cada paisaje y detalle que compone este maravilloso lugar. Esta vez “Machu Picchu” lucía muy diferente. Lo que antes brillaba con el sol, ahora se alzaba entre la niebla y una fina capa de lluvia. Si antes pensaba que la lluvia sería lo único que podía arruinar una visita como esta, me equivocaba. La lluvia envolvió el lugar de más magia si cabe y esto es fantástico. He visto esta auténtica maravilla sonriendo con el sol y emocionada con la lluvia.

El poder repetir la experiencia es un lujo, es algo que quedará por siempre en mis recuerdos.

Si pensé que Cusco no podría sorprenderme más, lo hizo.

Participamos de cosas tan místicas como es el ritual de la “coca” donde dimos gracias por seguir perteneciendo al mundo, brindamos con anisado en lengua quechua y vimos la ciudad desde de lo más alto siendo compañerxs de las estrellas.

Cusco nos ha regalado una nueva vida, nos ha tranquilizado y arropado. Nos vamos más que satisfechos del lugar.

De vuelta, mis aventurerxs padres, no podían permitir regresar a Córdoba sin ver mi cachito de corazón, por lo que insistieron en que me acompañarían de nuevo a la selva de forma que pudieran conocer todo lo que he escrito durante este tiempo.

Con las uvas de la suerte, el color amarillo y unos “choripanes” y “anticuchos”, celebramos nuestro fin de año. Bailamos, reímos, cantamos y brindamos por un nuevo año, por seguir sumando.

Autobús, taxi y bote. A lo largo del camino disfrutaron completamente del paisaje y pudieron comprobar de primera mano el espectáculo de tonalidades de la selva.

Cuando llegamos a Atalaya estaban impacientes por conocer todo, así que, tras una ducha muy refrescante, les muestro Atalaya. Ellxs bien saben que mi experiencia en Nopoki no habría sido igual sin esa persona de la que os hablé en la primera entrada, el Padre Curro. Pues bien, han conocido al famoso Padre Curro y es tanto el entusiasmo, que se ofrecen a hacer una rica comida al día siguiente. También tuvieron la oportunidad de conocer al Padre César, donde le trasmitieron lo agradecidos que se sentían por lo bien cuidada que he estado durante este tiempo.

Al día siguiente fuimos al mercado a comprar todo lo necesario para preparar la comida. Ni que decir tuvo el resultado. Todxs lxs presentes disfrutaron al máximo y compartimos un rato de familia precioso. Ya se agotaba el tiempo, y tras poder disfrutar algunos días en la selva, tocaba la parte más amarga de las vacaciones, la despedida.

Estoy segura que el trayecto ha sido una autentica odisea hasta llegar a casa. Ya desde Córdoba me dan muchos ánimos en este último “empujón” de mi experiencia.

Tan solo faltan unos días para preparar mi vuelta, todo eso os lo contaré un poquito más adelante.

El año terminó y empezó de la mejor manera.

Gracias, Ibai. Gracias, mamá. Gracias, papá

¡Hatun malqai! ¡Ñan huillamuskaiquiña noccamanta! ¡Un abrazo enorme, Familia! ¡Pronto tendréis noticias mías! (Lengua Quechua originaria de Los Andes centrales y Amazonía Occidental)

En esta entrada tengo que atinar muy bien, tengo que poner “mucha carne en el asador” y aprovechar para hablaros de mis gentes. Pero eso sí, voy a ser fiel a la pretensión que tenía con base al mes de noviembre.

El pasado 25 de noviembre se celebró el día mundial contra la Violencia de Género y, como no, ahí estaba yo, metida en la trinchera.

Cuando llegué de Lima, de forma fortuita me invitaron a una reunión donde se hablaría de aquellas actividades que se realizarían desde la Municipalidad de Atalaya; y digo de forma fortuita, porque la circular la recibió mi compañera Edith, que sabiendo mi gran interés en aspectos relacionados con el género, no dudó ni un solo instante en avisarme de tal acontecimiento: ¡Marina, ahí tienes “chamba” de la tuya!

No podría explicaros cómo me siento cuando hablamos de lucha, cuando hablamos de derechos y cuando nuestra arma no es un “machete”, sino nuestra propia voz, las voces que queremos escuchar.

Aunque la realidad sea diferente y el machismo se exprese de otras formas, he considerado muy oportuno implicarme y comprometerme con las mujeres de Atalaya y de forma muy especial con mis niñas de NOPOKI. Entonces, al igual que la señora Mercedes se remangaba para asar el “pollo cangas”, yo me remangué para desmontar todos esos mitos que existen entorno a las construcciones de pareja a través del amor romántico; en eliminar todo tipo de violencia y en utilizar un discurso adecuado para derribar las opresiones a través de la crítica, el análisis y la reflexión. Es bastante gracioso ver sus caras cuando les digo que Cenicienta, en realidad, no quiere compromisos y, además, no come perdices porque es vegetariana. No os voy a negar que en un primer momento pareciera que se espantan, pero tras varios segundos se “parten de risa” e incluso, alguna se reafirma y dice que esa historia es mucho más “chévere”.

Desde NOPOKI, hemos conseguido el apoyo por parte del alumnado para trazar un Plan de Igualdad, donde se revisen todas las formas tanto académicas como personales, atravesando el eje de la perspectiva de género. Para ello, hemos nombrado a dos alumnas y dos alumnos como delegadxs y subdelegadxs de igualdad, de forma que velen por una educación inclusiva libre de machismo. En este sentido, me siento gratamente satisfecha, ya que, al proponerle dicho proyecto, resultaron entusiasmadxs y con ganas de empezar cuanto antes. Ahora, quedamos a la espera de empezar el nuevo curso en marzo para desarrollar todo lo propuesto. Ya estaré al tanto.

Llegado este momento:

¿Sabéis esa sensación de tener sentimientos encontrados? ¿Ese instante en que echas de menos y echas de más de forma simultánea? Bueno, pues en ese punto me encuentro. Quedan apenas tres días para que se cierre otra de las etapas que te brinda una experiencia como esta. En NOPOKI, el curso académico ha concluido y con ello mi experiencia con las personas que han llenado mi vida de forma extraordinaria, el alumnado.

Todos los días de esta semana, al sentarme para almorzar en la “maloka” no podía apartar mi vista de las diferentes mesas donde se sientan las chicas y los chicos de NOPOKI. Sin querer, no he sido capaz de interactuar en la comida como de costumbre, porque mi cabeza la ocupaban preguntas como ¿Volverás a verlxs de nuevo? ¿Es posible que sea la última vez que veas a todas estas personas? ¿Te gustaría volver? ¿Quieres volver?

Al fin y al cabo, sabía que este momento llegaría tarde o temprano, pero ciertamente no estaba preparada para ello, ya que aún son dos meses lo que tengo por delante y mi cabeza no imaginaba que la despedida más intensa iba a ser en este momento. Es cierto que estoy muy contenta porque he aprendido tantas cosas, pero no puedo evitar sentirme triste cuando, por ejemplo, viene mi pequeña Mariela y con su característica voz de pito me pregunta:

“¡Ayy mis! ¿Cuándo regresas de nuevo? ¿Después de ver a tu familia en España? ¡Mis, no te vayas!”

O quizás cuando Iris se acerca, me abraza y me repite a diario:

“¡Mi Marinita, qué hermosa estás hoy! ¡Te voy a echar de menos!”

Cuando Gino cada mañana me envía un whatsapp para saber qué tal he dormido y si he desayunado. Cuando lxs chicxs de la danza me esperan (o más bien espero yo) para decirme que incluso “renegando” me quieren mucho. Cuando me buscan para estudiar Antropología, porque consideran que cuando les explico se enteran “bonito”.

O cuando de la nada escucho un “¡Cuqui!” Y, de repente, tengo a algunx de ellxs a mi lado queriendo acompañarme a donde quiera que vaya.

Julieta. Julieta es tremenda, tiene muy decidido que cuando regrese a España, ella viene conmigo. Casi todos los días me pregunta cuánto cuesta un pasaje y cuánta “plata” necesita para viajar. Ella me aconseja que la adopte, a pesar de tener casi los 19 años, quiere vivir conmigo y poder ser una actriz de primera. Pienso que, tarde o temprano, lo va a conseguir. Se pasa el día entero dramatizando y haciéndome participe de sus interpretaciones.

Y así puedo pasarme horas y horas. Podría escribir tantas cosas de cada unx de ellxs que no acabaría nunca, así que por el momento, las guardo para mí.

El pasado domingo llamé a Blanquita para ir juntas a cenar. Como siempre, hablamos sin parar de todo tipo de cosas y, de buenas a primeras, sin tener relación alguna de lo que por el momento hablábamos, se quedó en silencio varios segundos y me preguntó:

“Marina, ¿Qué te llevas de NOPOKI?”

Es una pregunta que puedes contestar de una forma banal y que la respuesta está más que “machacada” por todas aquellas personas que viven una experiencia de cooperación o voluntariado, por ello coges “carrerilla” y dices lo bonito que es todo, lo que has aprendido… Respuestas demasiado preestablecidas que hacen que tu misma te preguntes hasta dónde ha calado tu experiencia.

Cuando intenté responderle, tomé mi tiempo. No me gusta apresurarme ante preguntas de este tipo, que como digo, parecen de fácil respuesta y en realidad son las más complejas de resolver. En ese momento tuve la impresión de ver mi cara en un espejo, ya que puedo describirla a la perfección. Mis ojos abiertos con sorpresa, las cejas bastante arqueadas y mi boca apretaba los labios, tanto que la piel de mi cara lograba estirarse por completo. Mis hombros se encogían y a su vez mi cabeza los acompañaba con movimiento de duda.

“¡Blanquita, me lo has puesto bastante difícil!” – le dije.

Pero ella insistía y quería respuesta a su pregunta.

Entonces, le dije que aún no estaba del todo preparada para responderle a esa pregunta, ya que ahora me quedaban dos meses para digerir todo lo vivido y poder dar una respuesta a la altura. Por suerte, Blanquita es una de las alumnas que voy a seguir viendo, ya que, dado el ciclo tan avanzado en que se encuentra, tiene que realizar sus prácticas profesionales. Le he prometido que antes de irme contestaré a su pregunta.

Por el momento, voy a seguir viviendo como hasta ahora. En realidad, el mes de diciembre va a estar lleno de aventuras y de conocer otros lugares que el Perú ofrece. Voy a visitar otras regiones y otras formas que nada se parecen a las de “mi casa”, la selva. Y además voy a hacerlo de la mano de dos visitas muy especiales que espero con impaciencia. Estoy segura de que disfrutaran de este maravilloso lugar tanto como yo hasta ahora.

Cumpamsan shir senchi juajme! Turasha enerotin pujuktaje! (Lengua Shuar)

¡Un abrazo muy fuerte! ¡En enero estoy de vuelta!

Lo primero que me fijo en una persona es en sus manos.

Las manos dicen mucho, es más, casi pueden hablar. Las manos nos cuentan historias increíbles. Guardan recuerdos, amor y tristeza. También guardan alegría y muchas veces, aunque os parezca imposible, son capaces de llorar.

En realidad, no sabría deciros exactamente por qué me obsesiona este hecho, o por qué me despierta curiosidad en una persona.

Cuando conocí a la señora Mercedes era sábado. Ese día el sol pareciera que quisiera venganza con la tierra. Quemaba, sofocaba y hasta lograba quitar el aliento de la vecindad Atalaína.

La señora Mercedes o “Merche”, como es conocida, parecía impasible ante tal situación, por si no era suficiente el ardiente sol, ella estaba ahí, delante de una gran parrilla oreando el carbón para asar un riquísimo “pollo cangas”, a la vez que acomodando cada pieza en su lugar, revisando la yuca, rellenando el delicioso “ají de cocona” y la “crema de rocotto” y aun así le daba tiempo a tener el control para dirigir las funciones de lxs demás.

Todo el mundo se centraba en su faena, pero yo me permití distraerme unos minutos solo para observarla. Observar sus manos y empezar a imaginar una historia increíble, historia que empezó a contar terminada la faena y empujada por una cerveza bien “helada”. Los primeros minutos, recuerdo que no parábamos de reír, no sé si debido al calor, la cerveza o por la situación tan especial que nos rodeaba.

Después de esta graciosa manera de “romper el hielo”, me preguntó:

¿Te gusta el “maduro” asado? ¿Has probado con queso?

Yo le respondí que el plátano me gusta en todas sus formas y variedades, pero con queso, jamás se me había pasado por la cabeza. Sin importar más información, pidió a David que fuese a su casa a por queso.

¡Ya chino! Ande a mi casa ¿Ya? ¡Trae queso, que la gringa pruebe!

Tras escucharla, no pude evitar mirarla y reírme a carcajadas, Edith y Lourdes también se reían sin parar, por lo que la señora Merche se unió con una risa alborotadora y me atrevo a decir que no venía del diafragma, sino del corazón.

¡Ya gringuita! ¡Apura! ¡Te voy a enseñar el sabor de la selva!

Agarró un cuchillo, abrió en dos el maduro y le puso el queso en medio.

Algo muy simple, pero os puedo asegurar que ninguno sabrá igual de delicioso que aquel que probé de las manos de la señora Mercedes.

Así comienza esta historia.

La señora Merche es madre soltera. Tiene tres hijxs bien criadxs y con familia. He de decir que llegar a este punto, no solo le ha costado sudor y lágrimas. Ella tenía tres trabajos; el primero de seis de la mañana hasta las doce del mediodía, el segundo comprendía entre las tres de la tarde hasta las diez de la noche y el tercero, de diez y media de la noche hasta las cuatro de la madrugada. Creo que no puedo hacer ningún apunte al respecto, porque soy incapaz.

A pesar del horario, no descuidaba el más mínimo de los detalles sobre sus hijxs y sobre su casa.

Si no era suficiente lo que cargaba a su espalda día tras día, una mañana mientras se disponía a sus quehaceres diarios, recibe una noticia que se transforma en un palo al alma. Una de sus mejores amigas fallece, dejándole una herencia de dos hijas, de dos y tres años, ya que esta señora, también era madre soltera. Mercedes no tenía consuelo. Lloraba la pena de su amiga y lloraba de asfixia. Si necesitaba tres trabajos para mantener a sus hijxs, ¿Ahora qué tendría que hacer?

“Bueno, no pasa nada. Si Dios quiere que así sea, así será”.

Os aseguro que mientras escuchaba su relato, mi cuerpo se estremecía, se encogía y hasta sentía frío. Creo que se dio cuenta de mi expresión corporal y empezó a reír de nuevo, cosa que me invito participar de su alegría.

“Señorita Marina, yo tengo tres hijxs y dos hermosas hijas del espíritu santo”.

Ella continuaba riendo y yo la acompañaba, porque ¿Qué otra cosa podía hacer? En mi opinión no tenía nada que decir, simplemente seguir escuchando como hasta ahora había hecho. Es cierto que me invadían sensaciones de todo tipo, no lo niego. Por mi cabeza corrían tantas cosas que no era capaz de centrarme en dar ninguna respuesta. Analicé la situación e incluso me la puse de ejemplo como una posible intervención profesional, pero, aun así, me sentía bloqueada. Por supuesto, no es la primera ni la última mujer que depende de ella misma para sacar adelante una familia y esto si cabe, refuerza mi idea de que una mujer es suficientemente grandiosa como para salir de la peor de las situaciones que la vida le planteé. Existe la falsa creencia de necesitar una persona que complemente nuestra vida y “nos ayude”, por tanto, a sortear las situaciones más complejas, ya que el peso recaerá en partes iguales. Creedme, es falso. Las mujeres somos capaces de por si solas dar respuesta a nuestros acontecimientos vitales, y somos capaces de formar una familia sin necesidad de compañero. Es falsa la idea de que somos “abandonadas”, ya que somos completamente independientes, por tanto, es un sentimiento que interiorizamos con base a nuestra sociedad.

En la anterior publicación, os contaba como Blanquita definía y analizaba el concepto de mujer…

“Marina, una mujer lo es todo. Es infinita”.

Desde aquí me dirijo a vosotras, mis hermanas. Quiero comprender y curar vuestras heridas. Quiero trasmitiros tranquilidad y armonía. Quiero deciros que todo va a estar bien, que cojáis las riendas de vuestra vida, que todos los pasos que deis siempre vayan hacia delante, aunque queráis mirar de reojo el pasado. Quiero deciros que es nuestro momento, que hoy tenemos más fuerza que nunca y que algún día lo veremos caer…

Hoy nos damos nuestras manos, nos miramos y nos reímos sin parar. Vamos a llenarnos de vida y vamos a amarnos como compañeras.

Las manos de la señora Mercedes son de esas en las que puedes leer e interpretar tantas cosas…

Son manos cansadas de trabajar, pero llenas de vida. Son manos preciosas, aunque en ellas duermen mucho dolor. Son manos que cuando tocan convierten las cosas en amor. Manos que enseñan, quieren y son generosas. Manos que no permiten derrota alguna. Manos mágicas que alimentan. Son manos que lloran y manos que ríen con tanta fuerza que cualquier huracán estaría celoso.

Después de arrancarse las tripas y querer compartir su historia con las allí presentes, me atrevo a decir que es precioso ver a una mujer tan empoderada.

Las costumbres nos hacen débiles, las costumbres nos dejan en un segundo plano queriendo despreciarnos, las costumbres nos hieren y nos lastiman. Las costumbres se trasforman propiamente en costumbres y perpetúan los rasgos que nos definen con respecto a nuestra identidad.

Estoy segura que las manos que hoy leen este fragmento son muy especiales, sensibles y con ganas de hacer más bonita la vida.

Nabitsinagagimi okibe! Agenta pingemaje nega nakanta! (Lengua Nomatsigenga)

¡Un abrazo enorme! ¡Pronto tendréis noticias mías!

Las publicaciones que llevaré a cabo durante el mes de noviembre, van dedicadas especialmente a las mujeres que aquí me rodean. En esta entrada, me gustaría ser algo más teórica, de forma que pueda contextualizar todos y cada uno de los detalles que quiero trasmitir.

Hoy me interesa hablar de hermandad, de sentido de comunidad, de respeto y de ayuda. 

Al poco tiempo de llegar a NOPOKI, por casualidad, se presentó una situación muy especial. Un pequeño grupo de chicas querían conocerme, querían preguntarme cómo es mi vida. De esta forma, aproveché la ocasión para extenderme en aquellos aspectos que me definen, en hablar con paciencia y cuidado de mi lucha y, por tanto, compartir puntos de vista y opiniones diferentes a la vez que fascinantes. Esa es la riqueza de los feminismos.

Utilizar un único discurso y además hegemónico para extrapolar la realidad, no solo es erróneo, sino que es peligroso y desagradable.

Me viene a la cabeza mi primer día en la asignatura “Género y Feminismos”, donde nos explicaban que el feminismo comenzó tras la Revolución Francesa, a raíz de la lucha ciudadana. En este caso, tanto hombres como mujeres exigían derechos civiles y donde, finalmente, resultaron beneficiados solo la mitad, excluyendo así a las compañeras de batalla, que al igual que los hombres cavaron las trincheras de la libertad.

Sí, así fue como empezamos a darle nombre a todo este movimiento, pero no olvidemos que hablamos de Europa.

En el transcurso de la asignatura esperaba encontrarme los comienzos de los feminismos en otros lugares del mundo, pero mi sorpresa fue la limitación de contenidos, ya que solo hablaríamos de Europa y EEUU, por tanto, la acotación de la lucha feminista es muy notable y por ello, cuando hablamos caemos en aspectos etnocentristas y eurocéntricos, definiendo opresiones que solo nos afectan a las mujeres blancas que cómodamente tenemos un estatus de poder, principalmente por cuestiones raciales y/o étnicas.

La tercera Ola del feminismo lleva en sus entrañas la palabra “pluralidad”. De este periodo emerge la diversidad y el reconocimiento de la individualidad de cada mujer, ya que en este mundo somos tan diversas como mujeres existimos. Por ello, hay un avance en los discursos feministas, pero insuficiente para abarcar dicha pluralidad. Por eso, hoy quiero dejar a un lado mis privilegios y escuchar, a la vez que entender, otras formas de llevar a cabo la lucha. Me gustaría aclarar que no soy indicada para hablar de ello, ya que pueden parecer contradictorias mis palabras, de esta manera me anticipo y os pido disculpas si existen residuos hegemónicos en mis líneas.

Los feminismos originarios indígenas son múltiples y diversos en función a las culturas de cada pueblo, compartiendo así un aspecto muy característico, “el sentido de comunidad”. En esta línea, la realidad se transforma con el cuidado de aspectos vitales, estar en conexión con la tierra y buscar espacios para una misma. Las tareas van a estar definidas por el sistema de supervivencia, que alterado a raíz de la colonización, se entremezcla con pautas y aspectos distorsionados debido a la proyección inadecuada de realidades extrañas.

Vuelvo, por tanto, al principio, donde después de mantener una larga conversación con las chicas, les pregunto qué significado tiene para ellas la palabra “mujer”. Muchas respuestas estaban adornadas sin intención alguna con adjetivos que responden a características estereotípicas y de roles de género. De entre todas respuestas, la de Blanquita no solo fue una definición, sino un análisis bastante profundo del concepto que de forma muy atinada respondió lo siguiente:

“Una mujer es una persona. Una persona capaz de realizar cualquier cosa que se proponga por más contratiempos que se le presenten. Para algunas mujeres es más fácil y para otras, más difícil. En definitiva, la vida depende de una misma; yo por ejemplo estoy hoy aquí, estudiando, formándome para ser una buena profesional. Créeme, ha sido muy complicado llegar hasta donde estoy, pero de lo que estoy segura es de seguir viviendo y ayudar como lo han hecho conmigo. Marina, una mujer es todo, es infinita”.

En este sentido, vuelvo a la idea del respeto de los tiempos, de las culturas y de los modos de vida. En algunas ocasiones, gente de España me dicen:

Pero, allí habrá más machismo que aquí ¿No? Allí las formas de pensamiento son muy retrogradas ¿No? […] Y un sinfín de preguntas, que desde el desconocimiento reproducimos, con el objetivo de pensar lo bien que vivimos y estamos, en cuanto a políticas de género, obviando los feminicidios que tenemos en nuestro país cada día.

Por supuesto el machismo está presente en el día a día, pero tenemos claro que se debe a la respuesta de la propia estructura que definen los sistemas sociales y que recibe el nombre de patriarcado. De esta forma, no podemos decir o medir que haya más o menos machismo en función al desarrollo social de un país, lo acertado sería reconocer que el machismo es la expresión del sistema patriarcal que se despliega en función de los tiempos de un determinado territorio y que estas formas asesinan todos los días a mujeres.

Por desgracia, la violencia institucional, económica, física, psicología, simbólica, entre otras, que sufrimos las mujeres es común en todos los lugares del planeta. Por tanto, no vale afirmar o decir que “nosotrxs” estamos mejor por vivir en un lugar u otro, eso significa eximir responsabilidades, perpetuar las desigualdades y aumentar el estigma de aquellos pueblos con diferencias culturales y sociales.

Cuando me siento con ellas logro entenderlas, porque en definitiva hablamos el mismo lenguaje. Nos gusta reír, nos gusta llorar, nos gusta renegar, nos gusta escuchar, nos gusta compartir, nos gusta soñar… Y dejadme decir que es la expresión pura de la Sororidad, al igual que la trenza del cabello, estamos unidas en hermandad.

 

¡Ramamun kuhinmun konkuhin yohiavo hiyanan! ¡Tii toha hikokin! (Lengua Amahuaka).

¡Pronto tendréis noticias mías! ¡Un gran abrazo!

A lo largo de todo este tiempo, la gente de “NOPOKI” me pregunta:

¿Qué hago aquí? ¿Por qué estoy aquí? ¿Y por qué tan lejos?

Preguntas que aparentemente tienen fácil respuesta y que a la hora de contestar me limito a la superficialidad de estas, sin entrar en lo que verdaderamente me lleva a realizar una cooperación de tal magnitud. Estas preguntas han despertado mi curiosidad, por ello, me las he lanzado a mí misma de forma que pueda encontrar una respuesta bien argumentada, consistente y a la altura.

Mucho antes de saber si tendría la oportunidad de participar en este proyecto, me consideraba una persona con inquietudes, con ganas de aprender y sobre todo con entusiasmo e ilusión por conocer lugares nuevos y personas maravillosas.

Justo en este momento pienso en mi familia. Pienso en los inicios de mi madre como maestra fuera de nuestra querida Córdoba, pienso en mi padre y la cantidad de horas que le ha dedicado al volante de nuestro coche, y pienso en mis compañeros de viaje, mis hermanos. Todos los años empezábamos una vida nueva, conocíamos nuevos lugares y personas, y con todo ello, aprendimos lo que significa tener una gran familia. Esa es la verdadera razón de por qué estoy aquí. Mi familia me ha forjado así y por eso vivo la vida de forma intensa, como si fuera a acabar hoy mismo.

Perú me ha abierto una puerta para acercarme a aquello que me gusta, con lo que disfruto y en definitiva con lo que soy. Perú me ha abierto la puerta a una nueva vida y con ello, a interiorizar aspectos de todas las formas y colores posibles.

La labor que realiza una persona voluntaria no es la de querer cambiar realidades, no es extrapolar leyes ni conocimientos. La labor que realiza una persona voluntaria es ir más allá de lo conocido, es preocuparse por observar y entender la cultura, hacer ejercicios muy grandes de comprensión, desvincularse por un tiempo de su ego y querer formar parte del contexto.

Ahora quiero ser honesta con mis palabras, y deciros que todo este camino no es color de rosa, hay muchas espinas de por medio.

Recuerdo una dinámica que hicimos en los talleres de preparación a nuestro destino, donde debíamos de exponer de forma personal aquellos miedos y oportunidades que teníamos de cara a nuestra experiencia. En cuanto a oportunidades redacté una lista infinita, sin embargo, mi miedo era solo uno, “las serpientes”. Ya contaba con una experiencia previa de cooperación, y “más o menos” podía hacerme una idea de cómo es el funcionamiento, lo que no sabía es que me estaba equivocando por completo. Sin querer estaba proyectando una experiencia vivida con otra que no tiene que ver en absoluto, de eso me di cuenta nada más pisar la selva.

Me bajé del coche y me senté en un “rebate” del Vicariato de San Ramón. Estaba muy asustada, no lo voy a negar, pero de mí misma. Estaba asustada porque mi cabeza no paraba de juzgarme. Ahí sentí miedo. Empecé a cuestionarme mis valores como persona, mis opiniones, mi ideología, mi forma de ver la vida, mi lucha… sentía que me fallaba a mí misma y creedme, esto me mataba por dentro. Sin más, intenté asimilarlo todo y pensé:

Marina, no te preocupes. Cuando aterrices en Madrid, la primera persona que va a abrazarte vas a ser tú misma. Va a ser esa Marina que despediste hace unos meses y te querrá más que nunca.

Casi en el ecuador de mi experiencia me he dado cuenta, que esa Marina venía conmigo y era mi principal miedo, algo así como la conciencia.

Son muchos los momentos que tengo para dedicármelos, y donde antes veía negatividad, ahora encuentro riqueza y positividad. Mi idiosincrasia sigue estando ahí, con la diferencia, que poco a poco va adquiriendo más solidez a la vez que plasticidad.

Cada día que pasa, intento analizar todo lo que he hecho, todo lo que he dicho, todo lo que he enseñado y, lo que es más importante, todo lo que he aprendido. Mi lucha sigue siendo la misma y si cabe, ahora con más motivos y razones. Creo en la igualdad y la justicia y creo en la humanidad de las personas.

Hace unas semanas, exponía una conclusión de cómo se ha tergiversado la historia y, aprovechando la fecha en que estamos, necesito y quiero recuperar dicha reflexión, con la pretensión de compartir algo que es realmente cierto.

El 12 de octubre en España, es un día importante ¿Verdad? Es el día en que salimos a las calles con orgullo y entusiasmo para celebrar nuestra identidad, para celebrar lo que somos, para sentir la unidad patria… ¡Qué pena! ¡Qué manera más fácil de engañarnos!

América no fue descubierta por nadie, ya estaba ahí. En esa inmensidad virgen, vivían muchos pueblos diferentes, con una riqueza cultural infinita y con unas formas de vida propias. Tenían sus diversas lenguas, grandes conocimientos en medicina natural y un desarrollo particular y muy bello de las artesanías originarias. Se trataba por tanto de formas de vida diferentes a las nuestras y… Eso es ilógico ¿No? Desembarcamos en esta tierra, nos apropiamos del territorio y aplicamos nuestras formas de vida. Les despojamos de sus identidades, transformamos sus realidades y si encontrábamos resistencia, el precio a pagar era muy caro. Desvalijamos, rompimos, saqueamos, quemamos, abusamos, violamos, robamos, matamos… cometimos el mayor genocidio de la historia y ¿De verdad sentimos orgullo? ¿De verdad es una fecha para recordar? ¡Me aterran nuestras fiestas nacionales!

Me quedo mucho más tranquila exponiendo todos estos hechos, de forma que empecemos a tener conciencia histórica. Podéis estar de acuerdo o no con mi argumento, pero a veces es necesario un jarro de agua fría para despertar y comenzar un ejercicio de “concientización”.

En realidad, el 12 de octubre, es el día de la Resistencia Indígena. El día en que con mucha valentía debemos recordar lo que ocurrió verdaderamente; un día que celebra el respeto, el perdón, los valores y la unidad.

Cada mañana al levantarme, me siento en casa. Siento que formo parte del mundo.

A veces aprovecho la calidez de esta tierra y cierro los ojos. Cuando el sol choca con mi rostro veo todo de colores verdes, es más, puedo describir el olor del color. Entonces es cuando aprendes que tus manos se enraízan con la “Pachamama” porque se convierten en tierra. Aprendes que ir descalza significa valor y respeto por la vida. Aprendes que en el corazón te cabe más de lo que imaginas. Aprendes a reconciliarte contigo misma…

Ahora sé quién será la primera persona que abrazaré a mi vuelta, estoy segura de que me querrá más que nunca. Lleva el nombre de una flor. Ella es Rosa, mi madre.

¡En mia ikuai, nukun en na bubedan! ¡Hawaida min hayanuna na txanidan! (Lengua Hunikuin)

¡Un gran abrazo, familia! ¡Pronto tendréis noticias mías!

Si mal no recuerdo, hace justo siete años empecé a estudiar la carrera de Trabajo Social. Dentro de la programación académica, una de las asignaturas llamó muchísimo mi atención. Antropología Social, es de esas materias que te gustan muchísimo o que odias a más no poder, y en mi caso fue “amor a primera vista”. Hoy agradezco y valoro lo que mi profesor, Francisco Llorente Marín trasmitió tan generosamente. Por eso, en esta entrada voy a intentar mostraros las entrañas, abrir en canal los conocimientos e intentar afinar al máximo los detalles de la realidad que ahora me abraza.

Si antes de poner un pie en esta maravillosa tierra, me hubiesen preguntado acerca de la palabra identidad, ni por asomo podría describirla como ahora.

En términos generales puedo definir la palabra identidad como: el derecho de pertenecer al mundo, la libertad de quererte y el derecho a desarrollarla. Aquí entro en conflicto con aquellas teorías occidentales, donde la identidad se ha limitado a definirnos con base a la estructura social de partida, con nuestra sociedad oriunda, con nuestra estructura “civilizada” y “desarrollada” y ha dejado a un lado los valores que nos definen como personas.

Os cuento una anécdota. Es mucha la gente, que hablando conmigo, han concluido diciéndome: ¡Nunca hubiese imaginado hablar con una persona como tú! Sorprendida le respondo: ¿Cómo yo? ¿En qué sentido? -Suspiran e incapaces de mantener la mirada me responden: ¡Tan blanquita como tú, tan inteligente y de Europa! ¿Vosotros sabéis qué tan doloroso es eso? ¿Qué hemos hecho? ¿Por qué nos diferenciamos constantemente? Siendo sincera, os digo que es una sensación muy triste, una sensación de completo vacío y mi cabeza no para de preguntarse por qué. Por desgracia, no tengo una barita mágica para arreglar el mundo; pero si tengo esta vía para contároslo y animaros a que cambies la percepción de las cosas, a que cambies una sociedad basada en estatus raciales y a que seáis justxs con la vida.

Hace no muchos días, tuve la oportunidad de conversar con Limber, un chico del pueblo originario Asháninka, que me contó cómo fueron tratados durante la época histórica de “la reducción de los pueblos” (1600). Después de hablar un buen rato y por mi parte intentar digerir toda la barbarie, me preguntó: Marina, ¿Sabes qué significa Asháninka? Mi mirada creo que respondió, por lo que procedió de la siguiente manera: La “A” es un prefijo plural y “Sháninka” hace referencia a persona, hermanx, gente… por tanto nosotrxs somos personas, hermanxs y gentes. Limber sonrió y me dijo: Marina, tu eres Asháninka. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y no tuve nada más que decir al respecto. Ojalá estas sensaciones pudieran experimentarlas todas las personas, porque no hay nada más puro en la vida que querer a un hermanx y hacerle sentir que forma parte de ti.

Cuando hablo con vosotrxs para contaros mi experiencia, siempre encuentro palabras de aliento y de fortaleza. También me decís en muchas ocasiones lo valiente, aventurera y capaz que soy para estar en un lugar como este. Y es verdad, no os equivocáis ¿Sabéis por qué? Porque no tengo miedo a querer, no tengo miedo a aprender y no tengo miedo a conocer la vida. Todas las personas que conozco me hacen más grande y me hacen ser capaz de mirar el mundo de todos los colores posibles. Es cierto que en muchas ocasiones me planteo por qué estoy aquí, qué hago realmente en este lugar, cómo puedo ayudar con mi presencia; y en esos momentos es cuando pierdo la paciencia, me siento derrotada y me inunda la angustia. El otro día me sentía así y quise conversar con Padre Curro para que me ayudara a poner los pies en la tierra, (¡No es malo pedir ayuda cuando la necesitas!) y tras una extensa charla, muchas risas y comprensión, le dije: Padre Curro, le confieso que siempre quiero arreglar el mundo, y en lo más profundo de mi ser, soy consciente de que es imposible ¿Por qué? ¿Por qué es imposible arreglar el mundo? Él se empezó a reír con su característica risa y me respondió: Marina, arreglar el mundo es más sencillo de lo que parece, pero primero tenemos que ser felices. Si en este mundo todas las personas supieran lo que es la felicidad, el mundo se arreglaría en un momento. La felicidad no es tener “plata”, la felicidad no es tener posesiones… la felicidad es compartir, es interesarse por los demás, es querer a las personas sin perjuicio de su etnia, religión, cultura… Todo esto parece sencillo, pero la triste realidad es que no reparamos en ello. Nos importa el bienestar de la gente más cercana, pero no nos interesa el bienestar de la humanidad en su conjunto.

Puede que sea muy dura con las palabras, pero en mi propia realidad sigo viendo esos desajustes, esa superioridad clasista, esa marginación a lo “diferente”, esas ideologías que alimentan y fomentan el odio y en definitiva esa pasividad con la que dejamos de ser personas para convertirnos en máquinas alienadas.

Con todo ello, he llegado a la siguiente conclusión:

Occidente fracasó contando estas realidades, fracasó porque no contó la verdad y fracasó porque su discurso ha conseguido segregarnos y diferenciarnos como personas.

Ahora es el momento de empezar un nuevo camino, de rugir como un “otorongo”, de defender los derechos humanos, de aportar lo que podamos en función de nuestras posibilidades, de conseguir la igualdad, de no conformarnos. Es el momento de hacer cosas realmente maravillosas.

Mañana cuando os levantéis, trasmitir cariño a aquellas personas que se crucen en tu día. A tu familia, a tus compañerxs de trabajo, a la persona que te atiende en el supermercado, a la persona que te sirve un café… sonreír con todo vuestro cuerpo, y seguro que al terminar el día, sentiréis la mayor de las satisfacciones que podéis experimentar. ¿Os gustaría ser valientes? ¿Os gustaría ser aventurerxs? Pues todo eso está en vosotrxs mismxs si conseguís deshaceros de los miedos que os lo impiden.

¿Os sentís con fuerzas de cambiar el mundo? ¡¡¡YO SI!!!

¡Aparo abitsanotaantsi! ¡Korakani piyotakotajena jaoka nokanta! (Lengua Asháninka)

¡Un abrazo! ¡Pronto tendréis noticias mías!

Hace quince días de la última publicación, pero sinceramente no me he dado cuenta. Los días pasan muy rápido y no paro de crecer al igual que una flor en primavera.

En esta entrada me gustaría hacer algo especial; por ello, quiero hablar de diversidad, de multiculturalidad, de sonrisas, de generosidad, de compartir y, en definitiva, de lo maravilloso que es conocer gente con auras repletas de belleza.

¿Qué significa NOPOKI? En lengua Asháninka se traduce como "estoy aquí" así que, os tranquilizará saber que estoy muy bien, muy contenta y empezando a vivir toda esta experiencia.

Aquí, cariñosamente soy la “Gringa”, pero os puedo asegurar que ni por un solo instante me he sentido diferente, es más, siento que formo parte de una gran familia. ¿Sabéis a qué se debe esto? En Atalaya conviven una pluralidad de etnias y es sorprendente como entre unas y otras se complementan, es lo que yo llamo una reciprocidad comunitaria, por tanto, el enriquecimiento personal trasciende en unos valores humanos que poco se ven en nuestros “cómodos” países.

En estas semanas, el objetivo que me he propuesto ha sido el de adentrarme en las culturas con más profundidad; en conocer todos los aspectos que hacen característica a cada una de ellas, en observar el porqué de las cosas y en valorar la vida. Tanto ha sido así, que he participado activamente en este proceso empezando por la danza. No me gustaría continuar sin antes presentaros a la persona que ha confiado en mí para tan importante labor, ella es la profesora Ada. Ada es preciosa por dentro y por fuera, alegre, simpática, inteligente y muy divertida, que, sin saber si bailo bien o no, decidió incorporarme en el grupo como una más, y es por eso por lo que el pasado 15 de septiembre tuve la oportunidad de formar parte del elenco de danza de Nopoki, en el “IV Festival de Danzas Amazónicas de la región de Ucayali”. Al principio os podéis hacer una idea de lo que era aprender dichos pasos, pero en cuestión de dos días me había convertido en una bailarina Asháninka muy graciosa. Me prestaron una preciosa Cushma Ashéninka, alisaron mi frondosa cabellera rizada (no sabía que era tan rubia), y me pintaron la cara con “achiote”, una pintura parecida al carmín, elaborada con semillas de ese mismo nombre machacadas y, ¡ya estaba lista para danzar! Me hizo mucha gracia cuando todxs me vieron, porque me preguntaron con sorpresa e incluso con miedo: ¡¿Dónde están tus rizos, Marina?! Por lo que se ve, además de mi piel es lo segundo más característico. El acontecimiento estuvo muy a la altura y nosotrxs, lxs nopokinxs, disfrutamos muchísimo del espectáculo y de nuestro esfuerzo. Ahora nos toca seguir trabajando en la segunda danza de carácter guerrero, donde representaremos la etnia Shipibo. Este acto se celebrará el 29 de septiembre, un día muy especial porque, además de ser la final del festival de danza, es también mi cumpleaños y creo que va a ser muy diferente al del año pasado, pero sin duda mágico. ¡Ya os contaré!

Es preciosa toda esta experiencia ¿verdad?

Ahora, desde una realidad muy distinta, me gustaría lanzar una reflexión y que toda aquella persona que tenga la oportunidad de leer estas líneas pueda sacar conclusiones y analizar algunos aspectos vitales.

¿Qué pensaríais si, de la noche a la mañana no tuvieseis agua en vuestras casas? ¿Y si no hubiese luz? Dificulto un poco más la situación, ¿Y si no tuvieseis nada para comer? ¿Qué pasaría si os resultara imposible darle una educación a vuestrxs hijxs? ¿Y si no pudierais curar un simple resfriado?

Yo, sinceramente, buscaría todas las formas posibles y necesarias para cambiar esta realidad ¿No?

Ahora bien, la gente que recibe Nopoki vienen de diferentes comunidades, donde la gran mayoría tienen muchas de estas carencias. Desde bebés aprenden lo que es el esfuerzo y el valor de las cosas, aprenden que una botella vacía de “Coca cola” es un recipiente estupendo para guardar agua o algún alimento, aprenden a comer lo que hay sin excepciones y luchan para cruzar el país entero de forma que tengan una oportunidad para estudiar. Aquí “el sacrificio es muy grande”. Más de lo “que podemos imaginar”. A veces, en fechas señaladas quizás no haya nada con lo que celebrar y así podría estar horas y horas redactando estas realidades…

La finalidad de estas palabras no es trasmitir tristeza ni desánimo, la finalidad es crear CONCIENCIA, por ello os propongo lo siguiente:

Amad con locura todo lo que tengáis, creced con plena libertad, apoyad la multiculturalidad sin caer en aspectos interculturales que segregan al mundo, disfrutad de una ducha y de un plato de comida, valorad cualquier presente, compartid vuestra vida y dad gracias por la suerte que habéis tenido.

En este sentido, yo soy afortunada porque agradezco al caprichoso destino el estar hoy aquí y poder contar todo lo que esta experiencia significa para mí, y de esta forma poder cambiar, aunque solo sea un poquito, la realidad de los que me leéis; porque aquí solamente recibo lecciones de vida y humanidad a través de las sonrisas, del cariño, de gritar ¡Cuqui, vamos a estudiar! De sentarme a cenar con la que ya es mi gente, de disfrutar de sus historias, de salir de vez en cuando y compartir unas “chelas” (eso sí, siempre San Juan) y, en definitiva, de rebosar de alegría cuando por las noches me voy a dormir y hago repaso de mi presente.

¡Ea koshin ikowe! ¡Ea winota jawekiboyara mi aino xiki! (Shipibo)

¡Un abrazo muy fuerte! ¡Pronto tendréis noticias mías!

Viernes, 07 Septiembre 2018 22:56

¡NOPOKI! ¡PRESENTE!

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¡NOPOKI! ¡PRESENTE!

Con esta entrada, tengo la intención de trasportaros a la que será mi experiencia de seis meses en una universidad en mitad de la selva peruana, y no cualquier universidad, sino un centro de estudios que se caracteriza por la pluralidad étnica de diferentes comunidades y culturas indígenas.

Pero quiero comenzar relatando todo el proceso hasta llegar a Nopoki.

Cuando aterricé en Lima, eran las 18:30h. Crucé esa puerta de “Llegadas” y visualicé mi nombre en un folio, ¡Era Linda! La persona que se prestó a recogerme y enseñarme Lima antes de partir a mi destino final. Linda ha sido la mejor anfitriona que una podría tener. Por las mañanas preparaba desayunos riquísimos, y siempre estaba dispuesta a enseñarme un poquito de su ciudad. Hemos compartido momentos muy especiales, además de vivencias personales. Es una persona que sorprende, porque desde primera hora te hace sentir como en casa, cuidando hasta el último de los detalles. Sinceramente, me costó despedirme de ella, porque en muy poco tiempo conectamos de maravilla. Así que, tras seis días de relax en Lima, comenzó mi viaje hasta la que ahora es mi casa.

Como siempre, Linda ya se había despertado para tener el desayuno más que listo, y yo mientras tanto ultimaba mis cosas para empezar a viajar. En un principio, partíamos a las cuatro de la mañana, pero aquí todo lleva su tiempo, por lo que la hora inicial se pospuso dos horas más tarde. Aun así, yo estaba feliz a la vez que nerviosa, por ello, empezaba el momento de preguntarme muchas cosas acerca de mi llegada. El primer trayecto duró aproximadamente doce horas, (aquí las distancias son completamente diferentes a como estamos acostumbradas en España) es entonces cuando llegamos a Satipo para descansar. Muy temprano al día siguiente, retomamos la ruta y mis nervios aumentaban cada vez más, ya que sabía que esa noche conocería Nopoki. El viaje fue una maravilla para mis ojos, la diversidad de paisajes era muy notable, además de los diferentes contrastes que hacían especial cada lugar por el que pasábamos. Comenzamos dejando atrás una gran urbe y de repente entramos en la sierra, donde pasamos por el pico más alto del Perú, Ticlo, llegando a alcanzar algo más de los 5000 metros. El mal de altura estuvo presente, pero nada que no pueda arreglar una infusión de coca y maca. Apenas llevamos varios kilómetros de sierra, cuando de repente, como de la nada, empieza a cambiar la temperatura. Un calor sofocante que, incluso abriendo las ventanas del coche, afecta aún más y, es que ¡Empezamos a entrar en la selva! De repente cambia todo el paisaje, lo que antes era de colores marrones áridos, empieza a colorearse de verde y de frescura. Todo era nuevo para mí, nunca había visto tanta vegetación tan diferente y tan bonita. Además, empezaron a surgir esos llamados “choques culturales” donde en medio del camino se veían algunas comunidades selváticas. Era fascinante ver sus Cushmas (ropa originaria), Malokas (pequeñas casitas hechas con palmeras) y en definitiva una organización tan distinta pero muy especial y comunitaria. El camino cada vez pesaba más, ya que no era asfaltado y con la noche empezaba a ser peligroso. Eran numerosos los camiones que bajaban cargados de madera de árboles gigantescos, es ahí donde empiezo a darme cuenta, que es cierto lo que dicen los medios de comunicación con respecto a la situación que está viviendo el Amazonas, por lo que me preocupé y pregunté a mis compañeros de viaje acerca del tema.

Empezaba a impacientarme y cada bache se convertía en algo doloroso, hasta que, por fin, a algo menos de tres kilómetros se empiezan a ver las luces de Atalaya, el pueblo del departamento de Ucayali que acoge con cariño a Nopoki. Pero antes de llegar, era necesario hacer una importante parada para conocer al que va a ser mi guía en esta preciosa experiencia, él es el Padre Curro, un Aragonés muy majo, que me da la bienvenida con una gran sonrisa. Tras la parada, por fin llegamos a Nopoki y ahí se empezaron a activar todos mis sentidos, ya que a medida que entraba me sentía más y más entusiasmada. Bajamos del coche y ya nos esperaba una cena propia de tan largo viaje; patacones (qué cosa más rica), huevos revueltos y pan, además de un cafelito calentito que, para mi gusto, con dos hielos hubiese estado mucho mejor, porque el calor era insoportable.

Después de cenar conocí mi habitación, y comienzo toda la organización para habitarlo, pero es tal el cansancio que decido dejarlo para el día siguiente.

Ahora sí, empieza mi aventura en Nopoki y con ello el trazo de un sistema de trabajo definiendo las funciones que llevaré a cabo. No he terminado de anotar tales indicaciones, cuando Padre Curro me propone una primera aventura para conocer las comunidades y es ni más ni menos que viajar a Breu, una zona que se encuentra en el corazón del Amazonas y que limita con Brasil, yo rápidamente le digo que sí, ya que entrar en Breu es algo muy especial que no todas las personas tienen la oportunidad de hacerlo y más si se trata de llevar ayuda humanitaria; así que sin siquiera haber puesto los pies en la tierra, me dispongo a preparar el siguiente viaje.

Para llegar a Breu, tomamos un avión militar hasta Pucallpa donde pasamos varios días hasta poder coger una avioneta que nos llevara directamente, ya que no existe otra forma de poder adentrase en este territorio. Una vez llegados a Breu, el equipo se convierte en multiusos, por lo que nos convertimos en cocineras, enfermeras, auxiliares de veterinaria y un sinfín de cosas más. La realidad que allí se vive da muchas lecciones y es cuando te das cuenta de todo aquello que tienes y que no analizas su valor. Escasa alimentación, sanidad e higiene brillan por su ausencia, pero valor humano incalculable. Son varias las veces que me he emocionado, porque es una realidad que te pone el vello de punta y hace que de vez en cuando te salga una tímida lagrima de los ojos.

Tras esta gran aventura que seguro recordare toda la vida, regresamos a Atalaya en un bote por el río y es cuando logro llegar a Nopoki para empezar a coordinar las diferentes actividades que llevaré acabo con el alumnado.

Son las 7:30 de la mañana, mi día acaba de comenzar. Para lxs Asháninka, Ashéninka, Awajún, Nomatsiguenga, Matsigenka, Wampis, Hunikuin, Yanesha, Nahua, Shipibo y Yine empezó a las 5:00h de la mañana, faenando en las diferentes tareas que tienen distribuidas y es ahora cuando se disponen a ir a clase tras el desayuno.

Al principio es difícil conectar con el alumnado, aunque la cordialidad, el respeto y la simpatía es muy característico, por lo que constantemente te saludan (no sé cuántas veces al cabo del día digo buenos días, buenas tardes y buenas noches), pero eso es cuestión de dos días y rápidamente empiezan a compartir contigo y a querer conocerte.

Me gustaría hablaros un poco de Agata, una voluntaria polaca que estuvo hasta hace unos días como doctora en la posta médica. Aunque hemos estado muy poco tiempo juntas, ha sido un gran apoyo para el inicio de mi experiencia, por ello quiero darle las gracias y recordarle por esta vía que, ya tenemos prometidos unos viajes España – Polonia y viceversa.

El tiempo que llevo en Nopoki ha sido muy intenso y muy variado, donde ha habido lugar para compaginar el trabajo y el ocio, además me he dado cuenta de que es un lugar muy festivo, alegre y precioso.

Hoy, a un mes de estar aquí quiero compartir estas vivencias tan bonitas y especiales, además de dar las gracias al grupo de profesionales del ayuntamiento y de la organización que hacen posible el enriquecimiento personal.

Un abrazo trasatlántico enorme y pronto os seguiré contando sobre esta gran aventura.

Miércoles, 04 Julio 2018 12:46

Marina

Escrito por

Hola soy Marina

Viernes, 15 Junio 2018 12:08

Proyecto

Escrito por

Título del programa: Desarrollo agropecuario del Centro de Investigación y formación intercultural bilingüe Nopoki

País y Zona de Destino. Descripción de la zona: Atalaya, Ucayali, al norte del Perú. Zona Selvática

Objetivos del programa de voluntariado: El proyecto es de carácter educativo y se desenvuelve en las instalaciones del Centro de Investigación y Formación Intercultural Bilingüe Nopoki, cuyos alumnado son jóvenes indígenas provenientes de los diferentes grupos étnicos.

Duración de la estancia: 6 meses

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