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Elementos filtrados por fecha: Enero 2019

¡Hola de nuevo, Familia!

Hace un tiempo me despedía de vosotrxs, pero ya estoy más que de vuelta de unas maravillosas vacaciones que, a decir verdad, han tenido momentos muy diversos, preciosos, alegres e incluso algunos un poco feos y desagradables. Por el momento no me anticipo y voy a contaros todo desde el principio.

Cuando salí de Atalaya para disfrutar de mis deseadas vacaciones, eran las cinco de la madrugada. Me subí a aquel bote camino de Puerto Ocopa. Fue maravilloso poder ver como amanecía y se abría paso el río “Tambo” entre la frondosidad de tan variada vegetación. Siendo sincera, no es el medio más cómodo para viajar, pero si es un sitio privilegiado para visualizar tal espectáculo que gratuitamente ofrece nuestra “Madre tierra”. Tras diez horas en la embarcación, llegamos a una pequeña playa de Puerto Ocopa, que, sin siquiera haber bajado del bote ya estaban esperando diversos taxistas al grito de: “¡Satipo! ¡Satipo! ¡Quince soles!”

Entramos en uno de esos taxis, donde si cabe, era mucho más incómodo que el propio bote. Entre otras cosas, teníamos que compartir el asiento delantero, pero en este caso lo compartí con Julio, un chico de Nopoki que su parada final era Satipo. Tras una hora y media con el cuello a punto de romperse, llegamos a Satipo. Allí me esperaban varias horas por delante hasta coger el autobús que me llevaba a mi primer destino: Lima.

Cuando por fin logré montarme en el autobús, intenté por todos los medios quedarme dormida lo más pronto posible, ya que ahora me esperaban trece horas de trayecto.

El viaje fue bastante pesado, pero creo que tiene que ver con los anteriores medios de transporte y con la cantidad de horas que se necesitan para viajar, ya dije en mi primera entrada que las distancias son completamente diferentes a como estamos acostumbradxs.

Ahora sí, llegué a Lima. Como siempre, luciendo ese color gris que la caracteriza, el tráfico infernal que la detiene y mostrando sus diversas zonas tan variopintas. En ese momento nada me importaba porque ¡Empezaban mis vacaciones!

Ahora, esperaba muy impaciente la primera visita, ya que ha sido tanta la preparación y las ganas que no puedo controlar la euforia.

Cuando llegó Ibai era muy temprano. Yo estaba en el aeropuerto con antelación para darle una sorpresa y creedme, no falló. Después de tanto tiempo sin estar cerca de las personas que forman parte de mi realidad, la llegada de Ibai fue como un soplo de aire fresco en una tarde muy calurosa. En ese momento no tenía suficientes manos, brazos, ni palabras para envolver todo lo que sentía. Tras un rato mirando y abrazando, abrazando y mirando, realmente no podía creérmelo.

Disfrutamos de Barranco. Disfrutamos de todas esas calles que al final iban a parar al “Puente de los Suspiros”, de la gente que paseaba, vendía y cantaba. Disfrutamos el día y la noche de esa magia, de la “Pilsen muy helada” y sobre todo de la compañía.

Poco duró la tranquilidad, ya que empezábamos a preparar el siguiente destino: Cusco.

Si os gustan los colores, la amabilidad, la historia y las cositas bonitas como las “alpacas” os recomiendo al ciento por ciento que visitéis el lugar. Cusco te acoge como hermanx, te quiere y te deja ver todas sus entrañas. Te ofrece tanto que pareciera que estás en deuda con él. Cuando cae el sol entre las montañas, se convierte en naranja y apenas parpadeas, logras ver un espectáculo de luces que va desde lo más alto de la montaña hasta ti. En ese momento disfrutas en silencio unos minutos, eres capaz de apreciar todo lo que te rodea en esta misteriosa ciudad y si a todo ello le sumas la compañía, el siguiente paso es buscar ese lugar cálido donde tomar un “Pisco Souer” para seguir hablando de lo bello que es todo.

Apenas nos acabamos de enamorar de Cusco, cuando empezamos la ruta del “Valle Sagrado” donde el destino final es ni más ni menos que la auténtica maravilla del mundo “Machu Picchu”.

Los Andes, el nacimiento del gran río “Amazonas”, las construcciones, los contrastes, los colores, la inmensidad, el infinito, la majestuosidad… y un sinfín de belleza que nuestra diosa por excelencia, “La Pachamama”, nos regala sin interés alguno. Tras una visita más que a la altura, nos disponemos a coger el tren que nos llevará a “Aguas Calientes”, el pueblo al que le da vida “Machu Picchu”.

Cansadxs no es suficiente para describir como nos sentíamos, pero desde luego muy encantadxs y satisfechxs por tener la oportunidad de ver cosas que son realmente preciosas. Ahora tendríamos que guardar ganas para el siguiente día ya que ¡Nos espera Machu Picchu!

En esta fecha es temporada de lluvias, pero la mañana se abrió por completo. Ni una sola gota de agua. El sol era todo un señor, la forma en que calentaban los rayos era pura alegría. Satisfecho y seguro de sí mismo. Puedo imaginarlo con una sonrisa modesta, sabiendo que agradecemos su presencia y por ello se muestra amable.

Cuando llegamos, apenas articulamos palabra, nuestros sentidos hicieron su trabajo. El olor a hierba fresca podías saborearlo, acariciarlo e incluso escucharlo. La energía que desprende el lugar cala lo más profundo de tu ser. La mejor parte se la lleva la vista, abres tanto los ojos que no alcanza lo suficiente, quieres más y más. Por si no era suficiente, nos atrevimos con “Waynapicchu” que en quechua significa “Montaña Joven”. Y sí, puedes personificarla sin problema. Es enorme, fuerte, bella y derrocha frescura. Desde la cima puedes verlo todo. Puedes tener una vista increíble de Machu Picchu, pero te brinda muchas otras perspectivas que son fantásticas.

Nos sentimos afortunadxs. Creo que la palabra “Maravilla” es escasa para describirlo.

Pensamos que la mejor opción era exprimir el tiempo al máximo, de forma que no dimos ni un solo minuto de tregua a nuestro viaje.

“Agua Florida”, té de coca, hoja de coca, crema solar y ropa de abrigo era suficiente para aventurarnos en la famosa “montaña de los colores” aunque en inglés, “Rainbow Mountain” queda más “cool”. El camino es muy duro, ya que llegamos a los 5100 metros sobre el nivel del mar. Pareciera que te asfixias, la respiración es tan fuerte que los pulmones quieren salir de tu cuerpo, pero eso no impide que disfrutes del paisaje. En tal caso piensas:

“Estoy muerta, creo que voy a morir, pero ¿No te parece precioso? Merece la pena asfixiarte”.

Ibai estuvo animándome todo el camino, porque hay momentos en los que quisieras tirar la toalla y piensas que “esto no es lo tuyo”.

Por fin llegamos al punto más alto y sí, mereció la pena. Colores. Muchos colores. Es inexplicable cómo la tierra puede darnos cosas tan hermosas. Y, como casi todxs lxs guías suelen decir: “¡Llegó el momento Facebook!” fotos y más fotos. Qué pena no darle justicia con una imagen.

Con todo ello, Cusco es inefable.

Siguiente parada: ¡Puno!

A simple vista no parece tan bonita, pero tras pasear por la ciudad nos damos cuenta de que, en realidad, sigue sin ser bonita. Llegando de la ciudad Inca por excelencia y si cabe del ombligo del mundo, las expectativas estaban muy altas. Además, granizaba de forma que daba lástima no coger los trozos de hielo para preparar un “Pisco”. Fue una locura ver la forma tan agresiva en que el cielo se caía. Temimos por que nuestra visita a los “Uros” y “Taquile” estuviese a merced de este tiempo. Inti, de la forma en que los incas llamaban al sol, nos seguía sonriendo, así que nos dio “rienda suelta” para disfrutar del “Titi Caca” con todo lujo de detalles. No obstante, nos quiso dar una lección. Ese día se nos olvidó la crema protectora, así que imaginaos un irlandés el 25 de junio en Fuengirola…

Eso no fue obstáculo alguno. Ver las islas flotantes de los “Uros” es tan curioso como bello. Todo está elaborado con el junco. El suelo, las casas, los barcos, los adornos e incluso se usa para comer. Si hablamos de rentabilizar al máximo un solo recurso y originalidad, hablamos de los “Uros”.

“Taquile” es la segunda isla más grande del “Titi Caca” se trata de un pueblo donde sus gentes continúan las tradiciones de antaño. Sus actividades se desarrollan en torno a construcciones típicas de supervivencia y donde los roles no siguen la norma, por ejemplo, los hombres son mundialmente conocidos por ser los mejores tejedores, es más, no pueden contraer matrimonio si no logran hacer piezas que parecieran celestiales, ¡Así conquistan a las mujeres! Las mujeres tienen papeles tan importantes como es la gestión y organización de la isla. Muchas de ellas desempeñan un liderazgo clave en el proceso de desarrollo local y eso ¡Es fantástico!

Aunque Puno como ciudad no estuvo a la altura de nuestras expectativas, el “Titi Caca”, “Taquile” y sobre todo los “Uros” subieron la nota con sobresaliente a esta ciudad.

El entusiasmo por volver, las ganas de vivirla, el dejar fluir tus sentidos, llenarte de energía por la calle de “Las Brujas”, encontrarte de nuevo el filo entre la vida y la muerte de “Los Yungas”, la inmensidad, “Las cholitas” y la cuna de la revolución feminista en todas sus vertientes. ¿Escuchas? Es La Paz.

Si. Por la frontera de “Desaguadero” cruzamos a Bolivia.

Fue retroceder al pasado, al lugar que marco un antes y un después en mi vida. Me venían a la cabeza tantos recuerdos…

La vida me ha dejado verla de nuevo y mejor compañero que Ibai para compartirla, no existe.

Fueron escasos los días para disfrutarla, pero suficientes para recordar tanta pureza y amor. Esta vez me marcho sabiendo que es estática, que el tiempo se detiene cuando pones los pies sobre el suelo. Me marcho sabiendo que he encontrado cosas que me dan la vida. Me ha dado más motivos de por qué tú. Y nos ha dado un piano para que por fin sepamos cuál es nuestra canción. Estuviste acertado cuando en la mesa del restaurante escribiste: “La Paz sea contigo, hermanx”.

¡Vamos! ¡Rápido! ¡El tiempo se agota y tenemos mucho que ver!

Arequipa. La ciudad guardada y custodiada por el gran Mistic supervisado por el Condor. La que fuera una parada técnica, se convirtió en el lugar más gracioso del Perú. Allí nos esperaba Fernando, mi “pata” de Atalaya, que, nos mostró Arequipa en la mejor de sus formas. Chela “Arequipeña”. ¡Shhh! Espero no meterme en un lío, pero creo que la “Arequipeña” me gusta más que la “San Juan”.

Tras un reencuentro muy especial, nos disponemos a la que será nuestra última parada: Ica. En este transcurso, omitiré algunos fallos técnicos que a mí me parecieron muy divertidos, a Ibai no tanto. Creo que los recordaremos de por vida y os aseguro que terminará riéndose del momento.

Después de dieciséis horas de autobús, llegamos a Ica, el desierto del Perú. La “Huacachina”, es un pequeño oasis que te muestra un contraste tan diferente, que no imaginas que se tratase de un lugar de este país. Efectivamente, Perú no deja de sorprenderte vayas donde vayas.

Aquí supimos lo que es correr por el desierto en “Tubular”. Saltos, carreras, euforia… pura adrenalina. Espero no hagáis leña del árbol caído, pero en un descenso de montaña con una tabla de “Snow”, merendé la mitad del desierto de arena y me quedó para la cena.

Sin apenas más tiempo, concluimos el que ha sido un gran viaje. Regresamos a Lima y pudimos disfrutar por última vez de “Barranco”. En este sentido no me queda más que agradecerte, a ti, Ibai, por formar parte de momentos tan especiales y únicos como este. Muy triste me despido, pero sabiendo que ya está preparada la vuelta.

Apenas trascurren dos días y llega mi segunda visita. Un huracán, un terremoto, un tsunami, un volcán en erupción… ¡Qué tiemble Perú! ¡Mamá! ¡Papá! ¡Bienvenidxs!

Exacto. Mi mamá y mi papá han venido a verme. Como diría mi madre, han llegado a “trompicones”. Esa noche, “Iberia” estaba caprichosa y nos hizo esperar una hora y media hasta que llegaron los equipajes. Ellxs a un lado y yo al otro, desesperados por vernos y abrazarnos. De repente escucho el chiflido que caracteriza a mi madre y yo, que soy muy aficionada a saltarme los protocolos, cruzo la cinta de “no pasar” para derretirme en un abrazo que nos llega a los tres al alma.

Cansados pero entusiasmadas llegamos al hotel y, ¡Las Reinas Magas se han adelantado! Este año me he portado muy bien y me han traído todo lo que he pedido. Bocadillo de jamón ibérico, bocadillo de lomo de orza con sus pimientos fritos que con tanto cariño ha hecho Marisa, sin olvidar los turrones de chocolate que me compró. Latas de conserva producto de mis tías Encarni y Mª Dolores y roscos de Navidad de Maribel, nadie en el mundo los hace como ella, pero nadie los compra con tanto cariño como mi Pepe. ¿He dicho jamón ibérico? Gracias, mamaíta. Gracias, papaíto.

Como diría mi prima Rocío: “¡Ahora sí, nena!”

Disfruté y tengo videos que lo sustenta. Se me saltaron las lágrimas con cada bocado y me sabia a “gloria bendita”.

Una vez recompuesta por los manjares de nuestra tierra, empezó un nuevo viaje. En este caso la visita a Lima fue “express”, así que visitamos de forma apresurada los lugares tan puntuales que ofrece y sin más dilación, nos vamos para Cusco.

En este sentido recuerdo las palabras de Ruby cuando me dijo: ¡Qué dicha ver Cusco dos veces seguidas! Por ello, desde la primera vez que me encontré con la ciudad, pensé que no podrían ser más acertadas sus palabras.

Ahora tenemos 25 horas de trayecto, ya que no nos quedó otra opción que viajar en autobús dadas las fechas.

Al principio dije que no todo fue bonito durante las vacaciones, y es en este momento cuando las cosas se tuercen y aparece la excepción fea y, espero pronto olvidada. Cuando apenas quedan dos horas para llegar a nuestro destino, un desafortunado contratiempo nos envuelve. Nuestro autobús colisiona frontalmente con otro, donde las personas que se llevaron la peor parte se encontraban en los asientos delanteros del mismo. No solo tuvimos suerte dados nuestros asientos, sino que pudimos frenar en una zona donde había una explanada a diferencia de todo el tramo de acantilados.

Con el susto en el cuerpo, ayudamos a desalojar el autobús. Recuerdo a dos niñas muy pequeñitas que no paraban de llorar y que junto a su madre intenté retirarle los cristales de la luna que tenían enredados en el pelo. Fue un episodio triste y realmente no quiero darle más importancia, ya que arruina esta fabulosa entrada.

Por fin llegamos a Cusco, un poco sugestionadxs, pero con ganas de empezar la aventura.

Hicimos de nuevo la ruta del “Valle Sagrado” y “Machu Picchu”. Yo quería anticiparme a todo, pero guardé ganas sabiendo que mis padres estaban disfrutando cada paisaje y detalle que compone este maravilloso lugar. Esta vez “Machu Picchu” lucía muy diferente. Lo que antes brillaba con el sol, ahora se alzaba entre la niebla y una fina capa de lluvia. Si antes pensaba que la lluvia sería lo único que podía arruinar una visita como esta, me equivocaba. La lluvia envolvió el lugar de más magia si cabe y esto es fantástico. He visto esta auténtica maravilla sonriendo con el sol y emocionada con la lluvia.

El poder repetir la experiencia es un lujo, es algo que quedará por siempre en mis recuerdos.

Si pensé que Cusco no podría sorprenderme más, lo hizo.

Participamos de cosas tan místicas como es el ritual de la “coca” donde dimos gracias por seguir perteneciendo al mundo, brindamos con anisado en lengua quechua y vimos la ciudad desde de lo más alto siendo compañerxs de las estrellas.

Cusco nos ha regalado una nueva vida, nos ha tranquilizado y arropado. Nos vamos más que satisfechos del lugar.

De vuelta, mis aventurerxs padres, no podían permitir regresar a Córdoba sin ver mi cachito de corazón, por lo que insistieron en que me acompañarían de nuevo a la selva de forma que pudieran conocer todo lo que he escrito durante este tiempo.

Con las uvas de la suerte, el color amarillo y unos “choripanes” y “anticuchos”, celebramos nuestro fin de año. Bailamos, reímos, cantamos y brindamos por un nuevo año, por seguir sumando.

Autobús, taxi y bote. A lo largo del camino disfrutaron completamente del paisaje y pudieron comprobar de primera mano el espectáculo de tonalidades de la selva.

Cuando llegamos a Atalaya estaban impacientes por conocer todo, así que, tras una ducha muy refrescante, les muestro Atalaya. Ellxs bien saben que mi experiencia en Nopoki no habría sido igual sin esa persona de la que os hablé en la primera entrada, el Padre Curro. Pues bien, han conocido al famoso Padre Curro y es tanto el entusiasmo, que se ofrecen a hacer una rica comida al día siguiente. También tuvieron la oportunidad de conocer al Padre César, donde le trasmitieron lo agradecidos que se sentían por lo bien cuidada que he estado durante este tiempo.

Al día siguiente fuimos al mercado a comprar todo lo necesario para preparar la comida. Ni que decir tuvo el resultado. Todxs lxs presentes disfrutaron al máximo y compartimos un rato de familia precioso. Ya se agotaba el tiempo, y tras poder disfrutar algunos días en la selva, tocaba la parte más amarga de las vacaciones, la despedida.

Estoy segura que el trayecto ha sido una autentica odisea hasta llegar a casa. Ya desde Córdoba me dan muchos ánimos en este último “empujón” de mi experiencia.

Tan solo faltan unos días para preparar mi vuelta, todo eso os lo contaré un poquito más adelante.

El año terminó y empezó de la mejor manera.

Gracias, Ibai. Gracias, mamá. Gracias, papá

¡Hatun malqai! ¡Ñan huillamuskaiquiña noccamanta! ¡Un abrazo enorme, Familia! ¡Pronto tendréis noticias mías! (Lengua Quechua originaria de Los Andes centrales y Amazonía Occidental)

Publicado en SETEM - Perú
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