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Miércoles, 12 Septiembre 2018 14:24

Primer mes en Assilah

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¡Hola a todos y todas!

Soy Laura, una de las jóvenes con la oportunidad de vivir la experiencia de voluntariado de cooperación internacional, en este caso en Marruecos. La ciudad en la que voy a pasar los próximos meses es Assilah (Tánger), lugar donde tiene sede la asociación MZC.

Hace ya un poco más de un mes de mi llegada, y desde el primer momento el equipo de MZC me ha recibido con los brazos abiertos, facilitando mi adaptación a terreno y mostrándome la ciudad, y su cultura y tradiciones. Durante este tiempo me he centrado en observar, conocer y dejarme llevar lo cual considero imprescindible al llegar a un sitio nuevo.

En este corto periodo de tiempo he experimentado multitud de emociones: alegría, nostalgia, nervios, amor, esperanza, motivación, felicidad, apoyo, pasión, desánimo, agobio, desconcierto, asombro, ternura, curiosidad, entre otras; generadas por vivencias nuevas y únicas que han conformado un mes intenso. Algunas actividades en las que he participado son: formación sobre metodologías de participación y dinamización juvenil; taller de expresión corporal y clown para el empoderamiento; talleres de música, movimiento y circo con menores y jóvenes; encuentro e intercambio de experiencias entre asociaciones marroquís y españolas; taller de graffiti y taller de teatro social como herramienta de partipación y transformación. De cada una de estas vivencias he adquirido aprendizaje y enriquecimiento tanto personal como profesional. También he tenido la suerte de poder presenciar algunas fiestas y costumbres como son: un "sboua" (celebración de nacimiento), una pedida de mano, y la fiesta del cordero.

En general, en este primer mes, destaco la capacidad de sentir, trasmitir y conectar entre personas únicamente con el lenguaje no verbal a pesar de las diferencias culturales, de edad, pensamiento, idioma, o cualquier otra.

¡¡¡Hasta pronto!!!

Martes, 11 Septiembre 2018 15:34

¡Nuevas experiencias!

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¡Más anécdotas!

¡Hola a todxs!, Ya he pasado tres semanas aquí en Arroyos. El clima ha mejorado bastante pero de nuevo apuntan lluvias para el fin de semana, resulta estresante el cambio de temperatura que a veces se produce aquí; un día te mueres de frio y al siguiente de calor! Uff. Pero bueno, como decía, hemos tenido una semana con tiempo estable-caluroso. En los primeros días hice un bizcocho de chocolate casero con el azúcar orgánico de la cooperativa y lo di a todas esas personas que desde el principio se han involucrado conmigo para que me sienta cómoda, al parecer estaba bastante rico, así que pronto haré más. La semana fue bastante tranquila en el trabajo apoyando en el departamento de proyectos a mis compañeras Alicia y Laura. Las dos son muy simpáticas y buena onda como dirían aquí. También asistí a una charla sobe comercio justo en la cooperativa por Junior y la Ingeniera Ada.

El viernes íbamos a visitar el laboratorio pero ñaAnto y el presidente Luis, me invitaron a ir a una reunión organizada por la cooperativa Regina Mareco en Juan de Mena y a la que acudieron autoridades como el ministro de agricultura, entre otros. Me sorprendió ver que las autoridades invitadas a la mesa principal eran hombres y que no hubiese ninguna mujer referente en la agricultura, sobre todo porque hay muchas que se dedican a ello. Solo dos señoras hablaron de la historia de esa cooperativa, pero no debatieron el tema principal. Aunque hablaron en guaraní, mi amiga Tere me tradujo todo y me fue explicando el tema. Se habló principalmente de mejorar las condiciones en la agricultura familiar, y la necesidad de apoyo del gobierno a los pequeñxs productorxs. Allí comimos en un sitio muy rico que nos enseñó la ingeniera Ada y volvimos a Arroyos. Esa misma noche, un amigo de Tere nos invitó a un asado y disfrutamos muchísimo ya que estaba delicioso….

El sábado nos fuimos a caacupé a un sitio que se llama el escondido. Es realmente hermoso, se puede hacer senderismo y tirarse por la tirolina más grande del País. Nosotras lo hicimos!!! Al principio pasé mucho susto pero luego disfruté muchísimo de la experiencia y del paisaje. Sacamos muchísimas fotos, nos sentamos a ver el atardecer y fuimos a cenar a una pizzería deliciosa de caacupé. Al día siguiente fui a un asado al que me invitó mi compañera de trabajo la ingeniera Alicia. Me hablaron mucho de Luque, la ciudad dónde viven y que coincide con mi apellido. Me dijeron tantas cosas buenas de ella y su pasión deportiva por el Sportivo Luqueño que tengo ganas de ir a visitarla pronto. Y volviendo al asado…¡Estaba riquísimo!, aunque se parece a las barbacoas que nosotros hacemos, tiene un toque distinto y muy sabroso. Después de eso, nos enteramos de una triste noticia. La hijita de un compañero falleció y fuimos a su casa a transmitirle nuestro pésame. Un aspecto que me encantó de la cooperativa es el apoyo que todos lxs trabajadorxs mostraron, tratando de respaldarlo en este momento tan duro. Reflexioné mucho sobre las pruebas que nos pone la vida en el camino y me sorprendió la entereza y la fuerza con la que nuestro compañero lo estaba afrontando a pesar del dolor, muy admirable ya que no todo el mundo posee un espíritu fuerte. De nuevo quiero transmitir mucho ánimo a esta familia para seguir adelante.

Por último, destacar que tuve la oportunidad de ir al festival del lago Ypacarai, esta ciudad se encuentra a una hora y cuarto aproximadamente de Arroyos. Ahí pude ver las distintas danzas típicas realizadas por mujeres y hombres de las distintas ciudades y ver artesanías típicas de Paraguay como el ñandutí (bordados con formas muy bonitas que sirven como decorativo). Lo que más llamó mi atención en este festival era el equilibrio de una chica que mientras bailaba llevaba 11 botellas de vidrio en la cabeza, ¡Increíble!

Y con esto termina mi tercera semana, el tiempo está pasando demasiado rápido.

Viernes, 07 Septiembre 2018 22:56

¡NOPOKI! ¡PRESENTE!

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¡NOPOKI! ¡PRESENTE!

Con esta entrada, tengo la intención de trasportaros a la que será mi experiencia de seis meses en una universidad en mitad de la selva peruana, y no cualquier universidad, sino un centro de estudios que se caracteriza por la pluralidad étnica de diferentes comunidades y culturas indígenas.

Pero quiero comenzar relatando todo el proceso hasta llegar a Nopoki.

Cuando aterricé en Lima, eran las 18:30h. Crucé esa puerta de “Llegadas” y visualicé mi nombre en un folio, ¡Era Linda! La persona que se prestó a recogerme y enseñarme Lima antes de partir a mi destino final. Linda ha sido la mejor anfitriona que una podría tener. Por las mañanas preparaba desayunos riquísimos, y siempre estaba dispuesta a enseñarme un poquito de su ciudad. Hemos compartido momentos muy especiales, además de vivencias personales. Es una persona que sorprende, porque desde primera hora te hace sentir como en casa, cuidando hasta el último de los detalles. Sinceramente, me costó despedirme de ella, porque en muy poco tiempo conectamos de maravilla. Así que, tras seis días de relax en Lima, comenzó mi viaje hasta la que ahora es mi casa.

Como siempre, Linda ya se había despertado para tener el desayuno más que listo, y yo mientras tanto ultimaba mis cosas para empezar a viajar. En un principio, partíamos a las cuatro de la mañana, pero aquí todo lleva su tiempo, por lo que la hora inicial se pospuso dos horas más tarde. Aun así, yo estaba feliz a la vez que nerviosa, por ello, empezaba el momento de preguntarme muchas cosas acerca de mi llegada. El primer trayecto duró aproximadamente doce horas, (aquí las distancias son completamente diferentes a como estamos acostumbradas en España) es entonces cuando llegamos a Satipo para descansar. Muy temprano al día siguiente, retomamos la ruta y mis nervios aumentaban cada vez más, ya que sabía que esa noche conocería Nopoki. El viaje fue una maravilla para mis ojos, la diversidad de paisajes era muy notable, además de los diferentes contrastes que hacían especial cada lugar por el que pasábamos. Comenzamos dejando atrás una gran urbe y de repente entramos en la sierra, donde pasamos por el pico más alto del Perú, Ticlo, llegando a alcanzar algo más de los 5000 metros. El mal de altura estuvo presente, pero nada que no pueda arreglar una infusión de coca y maca. Apenas llevamos varios kilómetros de sierra, cuando de repente, como de la nada, empieza a cambiar la temperatura. Un calor sofocante que, incluso abriendo las ventanas del coche, afecta aún más y, es que ¡Empezamos a entrar en la selva! De repente cambia todo el paisaje, lo que antes era de colores marrones áridos, empieza a colorearse de verde y de frescura. Todo era nuevo para mí, nunca había visto tanta vegetación tan diferente y tan bonita. Además, empezaron a surgir esos llamados “choques culturales” donde en medio del camino se veían algunas comunidades selváticas. Era fascinante ver sus Cushmas (ropa originaria), Malokas (pequeñas casitas hechas con palmeras) y en definitiva una organización tan distinta pero muy especial y comunitaria. El camino cada vez pesaba más, ya que no era asfaltado y con la noche empezaba a ser peligroso. Eran numerosos los camiones que bajaban cargados de madera de árboles gigantescos, es ahí donde empiezo a darme cuenta, que es cierto lo que dicen los medios de comunicación con respecto a la situación que está viviendo el Amazonas, por lo que me preocupé y pregunté a mis compañeros de viaje acerca del tema.

Empezaba a impacientarme y cada bache se convertía en algo doloroso, hasta que, por fin, a algo menos de tres kilómetros se empiezan a ver las luces de Atalaya, el pueblo del departamento de Ucayali que acoge con cariño a Nopoki. Pero antes de llegar, era necesario hacer una importante parada para conocer al que va a ser mi guía en esta preciosa experiencia, él es el Padre Curro, un Aragonés muy majo, que me da la bienvenida con una gran sonrisa. Tras la parada, por fin llegamos a Nopoki y ahí se empezaron a activar todos mis sentidos, ya que a medida que entraba me sentía más y más entusiasmada. Bajamos del coche y ya nos esperaba una cena propia de tan largo viaje; patacones (qué cosa más rica), huevos revueltos y pan, además de un cafelito calentito que, para mi gusto, con dos hielos hubiese estado mucho mejor, porque el calor era insoportable.

Después de cenar conocí mi habitación, y comienzo toda la organización para habitarlo, pero es tal el cansancio que decido dejarlo para el día siguiente.

Ahora sí, empieza mi aventura en Nopoki y con ello el trazo de un sistema de trabajo definiendo las funciones que llevaré a cabo. No he terminado de anotar tales indicaciones, cuando Padre Curro me propone una primera aventura para conocer las comunidades y es ni más ni menos que viajar a Breu, una zona que se encuentra en el corazón del Amazonas y que limita con Brasil, yo rápidamente le digo que sí, ya que entrar en Breu es algo muy especial que no todas las personas tienen la oportunidad de hacerlo y más si se trata de llevar ayuda humanitaria; así que sin siquiera haber puesto los pies en la tierra, me dispongo a preparar el siguiente viaje.

Para llegar a Breu, tomamos un avión militar hasta Pucallpa donde pasamos varios días hasta poder coger una avioneta que nos llevara directamente, ya que no existe otra forma de poder adentrase en este territorio. Una vez llegados a Breu, el equipo se convierte en multiusos, por lo que nos convertimos en cocineras, enfermeras, auxiliares de veterinaria y un sinfín de cosas más. La realidad que allí se vive da muchas lecciones y es cuando te das cuenta de todo aquello que tienes y que no analizas su valor. Escasa alimentación, sanidad e higiene brillan por su ausencia, pero valor humano incalculable. Son varias las veces que me he emocionado, porque es una realidad que te pone el vello de punta y hace que de vez en cuando te salga una tímida lagrima de los ojos.

Tras esta gran aventura que seguro recordare toda la vida, regresamos a Atalaya en un bote por el río y es cuando logro llegar a Nopoki para empezar a coordinar las diferentes actividades que llevaré acabo con el alumnado.

Son las 7:30 de la mañana, mi día acaba de comenzar. Para lxs Asháninka, Ashéninka, Awajún, Nomatsiguenga, Matsigenka, Wampis, Hunikuin, Yanesha, Nahua, Shipibo y Yine empezó a las 5:00h de la mañana, faenando en las diferentes tareas que tienen distribuidas y es ahora cuando se disponen a ir a clase tras el desayuno.

Al principio es difícil conectar con el alumnado, aunque la cordialidad, el respeto y la simpatía es muy característico, por lo que constantemente te saludan (no sé cuántas veces al cabo del día digo buenos días, buenas tardes y buenas noches), pero eso es cuestión de dos días y rápidamente empiezan a compartir contigo y a querer conocerte.

Me gustaría hablaros un poco de Agata, una voluntaria polaca que estuvo hasta hace unos días como doctora en la posta médica. Aunque hemos estado muy poco tiempo juntas, ha sido un gran apoyo para el inicio de mi experiencia, por ello quiero darle las gracias y recordarle por esta vía que, ya tenemos prometidos unos viajes España – Polonia y viceversa.

El tiempo que llevo en Nopoki ha sido muy intenso y muy variado, donde ha habido lugar para compaginar el trabajo y el ocio, además me he dado cuenta de que es un lugar muy festivo, alegre y precioso.

Hoy, a un mes de estar aquí quiero compartir estas vivencias tan bonitas y especiales, además de dar las gracias al grupo de profesionales del ayuntamiento y de la organización que hacen posible el enriquecimiento personal.

Un abrazo trasatlántico enorme y pronto os seguiré contando sobre esta gran aventura.

Miércoles, 05 Septiembre 2018 21:56

Encuentro de voluntariado

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El motivo por el que escribo, es contar sobre la experiencia de mi encuentro en Chamanga con voluntarios y voluntarias de la PUCESE de Quito organizado por la asociación “Somos Ecuador”.

La finalidad de este encuentro de voluntariado, ha sido la participación en el proyecto de construcción de baños secos en viviendas de familias de Chamanga.
Chamanga, es una ciudad perteneciente del cantón de Muisne con dificultades para obtener agua, por lo que con la construcción de estos baños secos se ahorra en el consumo de este recurso.
Este sistema consiste en la división de la taza de wáter en dos partes, una delantera donde se deposita la orina y otra segunda en la parte trasera donde en una cubeta se depositan las heces, las cuales se cubren con serrín, cáscaras de huevo o material secante. Este cubo dónde se depositan las heces, dependiendo del número de miembros de las familias, se tiene que cambiar de una a dos semanas y los deshechos se utilizan como abono para huertos familiares, teniendo como objetivo en un futuro, la creación de una empresa que comercialice este abono gracias a la organización de estas familias, con lo que se obtendrán unos ingresos útiles para su sustento económico.

Además de la construcción de los baños secos, en el fin de semana se han realizado otras actividades como una “minga” para la limpieza de basura de algunos barrios de la ciudad, se ha dinamizado al grupo de personas mayores, ha habido un encuentro deportivo entre los/as voluntarios/as, monitores/as y personas locales; y se han realizado diferentes dinámicas con el voluntariado.

En definitiva, como se diría aquí hemos pasado un fin de semana “bacano”, dónde he compartido momentos entrañables tanto con los/as vecinos/as de Chamanga como con los/as voluntarios/as.

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