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Martes, 05 Febrero 2019 18:41

Un enero fuera de lo común

Escrito por

Antes de que pase un día más, toca una nueva entrada del blog para resumir las cosas que hemos estado haciendo en Enero, mes de mucho calor... ¡¡¡Ufff!!!

El primer mes del año, comenzó con la puesta en marcha de uno de los talleres de género que teníamos planificados entre el departamento de proyectos y el comité de género en el marco del proyecto con IDEAS: “Fortalecimiento de la cadena productiva del azúcar de caña”. Como ya adelanté en otras publicaciones, son cuatro talleres y comenzamos por uno que consideramos fundamental; Derechos humanos y de las mujeres rurales. La charla se llevó a cabo por ONU Mujeres y tuvo bastante aceptación ya que acudieron treinta personas (mitad de hombres y mujeres) que además fueron muy participativxs. Aunque yo no pude entender mucho (dado que hablaban en guaraní), mi compañera Alicia me tradujo los aspectos más importantes. En general, estamos muy contentas y esperamos que las dos charlas que tocan este mes reciban la misma acogida.

En esta línea, también comencé a desarrollar información para hacer un tríptico general sobre qué es el Comercio Justo, destacando el compromiso de la cooperativa con sus principios, agricultura ecológica, consumo responsable y soberanía alimentaria, a través de la promoción del consumo de productos locales en la comunidad gracias al apoyo brindado en las ferias a las mujeres productoras. Además, entre sus prioridades está el objetivo de apoyar a lxs socixs de la cooperativa a través de mejoras continuas en la capacitación y en la producción, aumentando el nivel de ingresos y calidad de vida de sus asociadxs y sus familias. No me cansaré de decir lo que me gusta la labor social de esta cooperativa con lxs socixs y la comunidad en general.

Por otro lado, a finales de Diciembre y comienzos de Enero, empecé a preparar una iniciativa que me propusieron Tere y Blanca y que posteriormente fui desarrollando junto a Junior; un taller de iniciación al inglés para niñxs de 4 y 5 años. La verdad es que la idea me motivo e ilusionó muchísimo puesto que yo soy maestra de Educación Infantil y tenía ganas de trabajar con lxs peques. Me puse manos a la obra para organizar un cronograma con actividades, preparar fichas y juegos, coordinar mi compi para conseguir unas aulas de Infantil, materiales y demás. Por fin llegó el primer día y en el aula se podían sentir emociones varias; incertidumbre, alegría, ilusión, miedo a separarse de la mamá, etc. Pronto comenzaron a surgir nuevas amistades y conversaciones divertidas entre lxs niñxs. Me acompañó también una estupendísima pasante, Iris, que me ayudó muchísimo en el desarrollo de las actividades y que conmigo disfrutó de unos días llenos de agotamiento pero sobre todo de inocencia, ilusión y sueños.

Por otro lado, en las reuniones quincenales del comité de género, se ha decidido tratar temas varios que afectan a las mujeres a nivel global, como por ejemplo, la mutilación genital y el matrimonio infantil. Me parece una idea muy interesante que podamos aprender y desarrollar estos temas dentro del comité porque nos ayuda a tener una visión más amplia y a conocer otras realidades. Por mi parte, realicé una pequeña investigación y preparé una presentación en la que hablamos sobre los tipos de mutilación, dónde se practica principalmente, motivos por los que se practica y consecuencias. A todas nos resultó de interés y nos hizo reflexionar sobre el papel de la mujer, las tradiciones, culturas...

Ahora se acerca la recta final, queda algo más de un mes y medio para volver a casa, pero antes quedan muchas cosas por hacer y planificar para la actividad de sensibilización en Córdoba, blog, informe final, talleres sobre buenas prácticas agrícolas y de género… Estoy tan a gusto en el departamento y en la cooperativa que va a resultar duro dejar el trabajo aquí. Muchas veces escuché la clásica frase que dice: “Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida” y tiene toda la razón, aquí en Manduvirá me he sentido así, muy a gusto.

Y antes de despedirme, no lo comenté en el blog anterior pero en Diciembre visité Buenos Aires, la capital Argentina… Maravillosa y mágica, me hizo sentirme en casa y además me reencontré con mi novio allí, lo cual me dio un chute de energía para luchar con la nostalgia y seguir los siguientes cuatro meses con ganas. Ahora en Enero estamos haciendo turismo interno…Mi compañera Alicia me invitó a pasar el fin de semana con su Familia en el chaco, el camino fue largo pero mereció mucho la pena ya que lo pasamos muy bien. También con Tere y Montse fuimos a San Bernardino a disfrutar de unas maravillosas vistas y un riquísimo bollo de la Alemana.

Ahora sí que sí, ¡me despido!

 

¡Hola de nuevo, Familia!

Hace un tiempo me despedía de vosotrxs, pero ya estoy más que de vuelta de unas maravillosas vacaciones que, a decir verdad, han tenido momentos muy diversos, preciosos, alegres e incluso algunos un poco feos y desagradables. Por el momento no me anticipo y voy a contaros todo desde el principio.

Cuando salí de Atalaya para disfrutar de mis deseadas vacaciones, eran las cinco de la madrugada. Me subí a aquel bote camino de Puerto Ocopa. Fue maravilloso poder ver como amanecía y se abría paso el río “Tambo” entre la frondosidad de tan variada vegetación. Siendo sincera, no es el medio más cómodo para viajar, pero si es un sitio privilegiado para visualizar tal espectáculo que gratuitamente ofrece nuestra “Madre tierra”. Tras diez horas en la embarcación, llegamos a una pequeña playa de Puerto Ocopa, que, sin siquiera haber bajado del bote ya estaban esperando diversos taxistas al grito de: “¡Satipo! ¡Satipo! ¡Quince soles!”

Entramos en uno de esos taxis, donde si cabe, era mucho más incómodo que el propio bote. Entre otras cosas, teníamos que compartir el asiento delantero, pero en este caso lo compartí con Julio, un chico de Nopoki que su parada final era Satipo. Tras una hora y media con el cuello a punto de romperse, llegamos a Satipo. Allí me esperaban varias horas por delante hasta coger el autobús que me llevaba a mi primer destino: Lima.

Cuando por fin logré montarme en el autobús, intenté por todos los medios quedarme dormida lo más pronto posible, ya que ahora me esperaban trece horas de trayecto.

El viaje fue bastante pesado, pero creo que tiene que ver con los anteriores medios de transporte y con la cantidad de horas que se necesitan para viajar, ya dije en mi primera entrada que las distancias son completamente diferentes a como estamos acostumbradxs.

Ahora sí, llegué a Lima. Como siempre, luciendo ese color gris que la caracteriza, el tráfico infernal que la detiene y mostrando sus diversas zonas tan variopintas. En ese momento nada me importaba porque ¡Empezaban mis vacaciones!

Ahora, esperaba muy impaciente la primera visita, ya que ha sido tanta la preparación y las ganas que no puedo controlar la euforia.

Cuando llegó Ibai era muy temprano. Yo estaba en el aeropuerto con antelación para darle una sorpresa y creedme, no falló. Después de tanto tiempo sin estar cerca de las personas que forman parte de mi realidad, la llegada de Ibai fue como un soplo de aire fresco en una tarde muy calurosa. En ese momento no tenía suficientes manos, brazos, ni palabras para envolver todo lo que sentía. Tras un rato mirando y abrazando, abrazando y mirando, realmente no podía creérmelo.

Disfrutamos de Barranco. Disfrutamos de todas esas calles que al final iban a parar al “Puente de los Suspiros”, de la gente que paseaba, vendía y cantaba. Disfrutamos el día y la noche de esa magia, de la “Pilsen muy helada” y sobre todo de la compañía.

Poco duró la tranquilidad, ya que empezábamos a preparar el siguiente destino: Cusco.

Si os gustan los colores, la amabilidad, la historia y las cositas bonitas como las “alpacas” os recomiendo al ciento por ciento que visitéis el lugar. Cusco te acoge como hermanx, te quiere y te deja ver todas sus entrañas. Te ofrece tanto que pareciera que estás en deuda con él. Cuando cae el sol entre las montañas, se convierte en naranja y apenas parpadeas, logras ver un espectáculo de luces que va desde lo más alto de la montaña hasta ti. En ese momento disfrutas en silencio unos minutos, eres capaz de apreciar todo lo que te rodea en esta misteriosa ciudad y si a todo ello le sumas la compañía, el siguiente paso es buscar ese lugar cálido donde tomar un “Pisco Souer” para seguir hablando de lo bello que es todo.

Apenas nos acabamos de enamorar de Cusco, cuando empezamos la ruta del “Valle Sagrado” donde el destino final es ni más ni menos que la auténtica maravilla del mundo “Machu Picchu”.

Los Andes, el nacimiento del gran río “Amazonas”, las construcciones, los contrastes, los colores, la inmensidad, el infinito, la majestuosidad… y un sinfín de belleza que nuestra diosa por excelencia, “La Pachamama”, nos regala sin interés alguno. Tras una visita más que a la altura, nos disponemos a coger el tren que nos llevará a “Aguas Calientes”, el pueblo al que le da vida “Machu Picchu”.

Cansadxs no es suficiente para describir como nos sentíamos, pero desde luego muy encantadxs y satisfechxs por tener la oportunidad de ver cosas que son realmente preciosas. Ahora tendríamos que guardar ganas para el siguiente día ya que ¡Nos espera Machu Picchu!

En esta fecha es temporada de lluvias, pero la mañana se abrió por completo. Ni una sola gota de agua. El sol era todo un señor, la forma en que calentaban los rayos era pura alegría. Satisfecho y seguro de sí mismo. Puedo imaginarlo con una sonrisa modesta, sabiendo que agradecemos su presencia y por ello se muestra amable.

Cuando llegamos, apenas articulamos palabra, nuestros sentidos hicieron su trabajo. El olor a hierba fresca podías saborearlo, acariciarlo e incluso escucharlo. La energía que desprende el lugar cala lo más profundo de tu ser. La mejor parte se la lleva la vista, abres tanto los ojos que no alcanza lo suficiente, quieres más y más. Por si no era suficiente, nos atrevimos con “Waynapicchu” que en quechua significa “Montaña Joven”. Y sí, puedes personificarla sin problema. Es enorme, fuerte, bella y derrocha frescura. Desde la cima puedes verlo todo. Puedes tener una vista increíble de Machu Picchu, pero te brinda muchas otras perspectivas que son fantásticas.

Nos sentimos afortunadxs. Creo que la palabra “Maravilla” es escasa para describirlo.

Pensamos que la mejor opción era exprimir el tiempo al máximo, de forma que no dimos ni un solo minuto de tregua a nuestro viaje.

“Agua Florida”, té de coca, hoja de coca, crema solar y ropa de abrigo era suficiente para aventurarnos en la famosa “montaña de los colores” aunque en inglés, “Rainbow Mountain” queda más “cool”. El camino es muy duro, ya que llegamos a los 5100 metros sobre el nivel del mar. Pareciera que te asfixias, la respiración es tan fuerte que los pulmones quieren salir de tu cuerpo, pero eso no impide que disfrutes del paisaje. En tal caso piensas:

“Estoy muerta, creo que voy a morir, pero ¿No te parece precioso? Merece la pena asfixiarte”.

Ibai estuvo animándome todo el camino, porque hay momentos en los que quisieras tirar la toalla y piensas que “esto no es lo tuyo”.

Por fin llegamos al punto más alto y sí, mereció la pena. Colores. Muchos colores. Es inexplicable cómo la tierra puede darnos cosas tan hermosas. Y, como casi todxs lxs guías suelen decir: “¡Llegó el momento Facebook!” fotos y más fotos. Qué pena no darle justicia con una imagen.

Con todo ello, Cusco es inefable.

Siguiente parada: ¡Puno!

A simple vista no parece tan bonita, pero tras pasear por la ciudad nos damos cuenta de que, en realidad, sigue sin ser bonita. Llegando de la ciudad Inca por excelencia y si cabe del ombligo del mundo, las expectativas estaban muy altas. Además, granizaba de forma que daba lástima no coger los trozos de hielo para preparar un “Pisco”. Fue una locura ver la forma tan agresiva en que el cielo se caía. Temimos por que nuestra visita a los “Uros” y “Taquile” estuviese a merced de este tiempo. Inti, de la forma en que los incas llamaban al sol, nos seguía sonriendo, así que nos dio “rienda suelta” para disfrutar del “Titi Caca” con todo lujo de detalles. No obstante, nos quiso dar una lección. Ese día se nos olvidó la crema protectora, así que imaginaos un irlandés el 25 de junio en Fuengirola…

Eso no fue obstáculo alguno. Ver las islas flotantes de los “Uros” es tan curioso como bello. Todo está elaborado con el junco. El suelo, las casas, los barcos, los adornos e incluso se usa para comer. Si hablamos de rentabilizar al máximo un solo recurso y originalidad, hablamos de los “Uros”.

“Taquile” es la segunda isla más grande del “Titi Caca” se trata de un pueblo donde sus gentes continúan las tradiciones de antaño. Sus actividades se desarrollan en torno a construcciones típicas de supervivencia y donde los roles no siguen la norma, por ejemplo, los hombres son mundialmente conocidos por ser los mejores tejedores, es más, no pueden contraer matrimonio si no logran hacer piezas que parecieran celestiales, ¡Así conquistan a las mujeres! Las mujeres tienen papeles tan importantes como es la gestión y organización de la isla. Muchas de ellas desempeñan un liderazgo clave en el proceso de desarrollo local y eso ¡Es fantástico!

Aunque Puno como ciudad no estuvo a la altura de nuestras expectativas, el “Titi Caca”, “Taquile” y sobre todo los “Uros” subieron la nota con sobresaliente a esta ciudad.

El entusiasmo por volver, las ganas de vivirla, el dejar fluir tus sentidos, llenarte de energía por la calle de “Las Brujas”, encontrarte de nuevo el filo entre la vida y la muerte de “Los Yungas”, la inmensidad, “Las cholitas” y la cuna de la revolución feminista en todas sus vertientes. ¿Escuchas? Es La Paz.

Si. Por la frontera de “Desaguadero” cruzamos a Bolivia.

Fue retroceder al pasado, al lugar que marco un antes y un después en mi vida. Me venían a la cabeza tantos recuerdos…

La vida me ha dejado verla de nuevo y mejor compañero que Ibai para compartirla, no existe.

Fueron escasos los días para disfrutarla, pero suficientes para recordar tanta pureza y amor. Esta vez me marcho sabiendo que es estática, que el tiempo se detiene cuando pones los pies sobre el suelo. Me marcho sabiendo que he encontrado cosas que me dan la vida. Me ha dado más motivos de por qué tú. Y nos ha dado un piano para que por fin sepamos cuál es nuestra canción. Estuviste acertado cuando en la mesa del restaurante escribiste: “La Paz sea contigo, hermanx”.

¡Vamos! ¡Rápido! ¡El tiempo se agota y tenemos mucho que ver!

Arequipa. La ciudad guardada y custodiada por el gran Mistic supervisado por el Condor. La que fuera una parada técnica, se convirtió en el lugar más gracioso del Perú. Allí nos esperaba Fernando, mi “pata” de Atalaya, que, nos mostró Arequipa en la mejor de sus formas. Chela “Arequipeña”. ¡Shhh! Espero no meterme en un lío, pero creo que la “Arequipeña” me gusta más que la “San Juan”.

Tras un reencuentro muy especial, nos disponemos a la que será nuestra última parada: Ica. En este transcurso, omitiré algunos fallos técnicos que a mí me parecieron muy divertidos, a Ibai no tanto. Creo que los recordaremos de por vida y os aseguro que terminará riéndose del momento.

Después de dieciséis horas de autobús, llegamos a Ica, el desierto del Perú. La “Huacachina”, es un pequeño oasis que te muestra un contraste tan diferente, que no imaginas que se tratase de un lugar de este país. Efectivamente, Perú no deja de sorprenderte vayas donde vayas.

Aquí supimos lo que es correr por el desierto en “Tubular”. Saltos, carreras, euforia… pura adrenalina. Espero no hagáis leña del árbol caído, pero en un descenso de montaña con una tabla de “Snow”, merendé la mitad del desierto de arena y me quedó para la cena.

Sin apenas más tiempo, concluimos el que ha sido un gran viaje. Regresamos a Lima y pudimos disfrutar por última vez de “Barranco”. En este sentido no me queda más que agradecerte, a ti, Ibai, por formar parte de momentos tan especiales y únicos como este. Muy triste me despido, pero sabiendo que ya está preparada la vuelta.

Apenas trascurren dos días y llega mi segunda visita. Un huracán, un terremoto, un tsunami, un volcán en erupción… ¡Qué tiemble Perú! ¡Mamá! ¡Papá! ¡Bienvenidxs!

Exacto. Mi mamá y mi papá han venido a verme. Como diría mi madre, han llegado a “trompicones”. Esa noche, “Iberia” estaba caprichosa y nos hizo esperar una hora y media hasta que llegaron los equipajes. Ellxs a un lado y yo al otro, desesperados por vernos y abrazarnos. De repente escucho el chiflido que caracteriza a mi madre y yo, que soy muy aficionada a saltarme los protocolos, cruzo la cinta de “no pasar” para derretirme en un abrazo que nos llega a los tres al alma.

Cansados pero entusiasmadas llegamos al hotel y, ¡Las Reinas Magas se han adelantado! Este año me he portado muy bien y me han traído todo lo que he pedido. Bocadillo de jamón ibérico, bocadillo de lomo de orza con sus pimientos fritos que con tanto cariño ha hecho Marisa, sin olvidar los turrones de chocolate que me compró. Latas de conserva producto de mis tías Encarni y Mª Dolores y roscos de Navidad de Maribel, nadie en el mundo los hace como ella, pero nadie los compra con tanto cariño como mi Pepe. ¿He dicho jamón ibérico? Gracias, mamaíta. Gracias, papaíto.

Como diría mi prima Rocío: “¡Ahora sí, nena!”

Disfruté y tengo videos que lo sustenta. Se me saltaron las lágrimas con cada bocado y me sabia a “gloria bendita”.

Una vez recompuesta por los manjares de nuestra tierra, empezó un nuevo viaje. En este caso la visita a Lima fue “express”, así que visitamos de forma apresurada los lugares tan puntuales que ofrece y sin más dilación, nos vamos para Cusco.

En este sentido recuerdo las palabras de Ruby cuando me dijo: ¡Qué dicha ver Cusco dos veces seguidas! Por ello, desde la primera vez que me encontré con la ciudad, pensé que no podrían ser más acertadas sus palabras.

Ahora tenemos 25 horas de trayecto, ya que no nos quedó otra opción que viajar en autobús dadas las fechas.

Al principio dije que no todo fue bonito durante las vacaciones, y es en este momento cuando las cosas se tuercen y aparece la excepción fea y, espero pronto olvidada. Cuando apenas quedan dos horas para llegar a nuestro destino, un desafortunado contratiempo nos envuelve. Nuestro autobús colisiona frontalmente con otro, donde las personas que se llevaron la peor parte se encontraban en los asientos delanteros del mismo. No solo tuvimos suerte dados nuestros asientos, sino que pudimos frenar en una zona donde había una explanada a diferencia de todo el tramo de acantilados.

Con el susto en el cuerpo, ayudamos a desalojar el autobús. Recuerdo a dos niñas muy pequeñitas que no paraban de llorar y que junto a su madre intenté retirarle los cristales de la luna que tenían enredados en el pelo. Fue un episodio triste y realmente no quiero darle más importancia, ya que arruina esta fabulosa entrada.

Por fin llegamos a Cusco, un poco sugestionadxs, pero con ganas de empezar la aventura.

Hicimos de nuevo la ruta del “Valle Sagrado” y “Machu Picchu”. Yo quería anticiparme a todo, pero guardé ganas sabiendo que mis padres estaban disfrutando cada paisaje y detalle que compone este maravilloso lugar. Esta vez “Machu Picchu” lucía muy diferente. Lo que antes brillaba con el sol, ahora se alzaba entre la niebla y una fina capa de lluvia. Si antes pensaba que la lluvia sería lo único que podía arruinar una visita como esta, me equivocaba. La lluvia envolvió el lugar de más magia si cabe y esto es fantástico. He visto esta auténtica maravilla sonriendo con el sol y emocionada con la lluvia.

El poder repetir la experiencia es un lujo, es algo que quedará por siempre en mis recuerdos.

Si pensé que Cusco no podría sorprenderme más, lo hizo.

Participamos de cosas tan místicas como es el ritual de la “coca” donde dimos gracias por seguir perteneciendo al mundo, brindamos con anisado en lengua quechua y vimos la ciudad desde de lo más alto siendo compañerxs de las estrellas.

Cusco nos ha regalado una nueva vida, nos ha tranquilizado y arropado. Nos vamos más que satisfechos del lugar.

De vuelta, mis aventurerxs padres, no podían permitir regresar a Córdoba sin ver mi cachito de corazón, por lo que insistieron en que me acompañarían de nuevo a la selva de forma que pudieran conocer todo lo que he escrito durante este tiempo.

Con las uvas de la suerte, el color amarillo y unos “choripanes” y “anticuchos”, celebramos nuestro fin de año. Bailamos, reímos, cantamos y brindamos por un nuevo año, por seguir sumando.

Autobús, taxi y bote. A lo largo del camino disfrutaron completamente del paisaje y pudieron comprobar de primera mano el espectáculo de tonalidades de la selva.

Cuando llegamos a Atalaya estaban impacientes por conocer todo, así que, tras una ducha muy refrescante, les muestro Atalaya. Ellxs bien saben que mi experiencia en Nopoki no habría sido igual sin esa persona de la que os hablé en la primera entrada, el Padre Curro. Pues bien, han conocido al famoso Padre Curro y es tanto el entusiasmo, que se ofrecen a hacer una rica comida al día siguiente. También tuvieron la oportunidad de conocer al Padre César, donde le trasmitieron lo agradecidos que se sentían por lo bien cuidada que he estado durante este tiempo.

Al día siguiente fuimos al mercado a comprar todo lo necesario para preparar la comida. Ni que decir tuvo el resultado. Todxs lxs presentes disfrutaron al máximo y compartimos un rato de familia precioso. Ya se agotaba el tiempo, y tras poder disfrutar algunos días en la selva, tocaba la parte más amarga de las vacaciones, la despedida.

Estoy segura que el trayecto ha sido una autentica odisea hasta llegar a casa. Ya desde Córdoba me dan muchos ánimos en este último “empujón” de mi experiencia.

Tan solo faltan unos días para preparar mi vuelta, todo eso os lo contaré un poquito más adelante.

El año terminó y empezó de la mejor manera.

Gracias, Ibai. Gracias, mamá. Gracias, papá

¡Hatun malqai! ¡Ñan huillamuskaiquiña noccamanta! ¡Un abrazo enorme, Familia! ¡Pronto tendréis noticias mías! (Lengua Quechua originaria de Los Andes centrales y Amazonía Occidental)

Jueves, 27 Diciembre 2018 14:58

Terevy'aite aretépe

Escrito por

Como digo en el título de esta entrada, ¡Felices fiestas!. Ya estamos terminando el año y no podía pasar sin hacer una nueva publicación en el blog. Me gustaría reflexionar sobre el desarrollo de este año y en especial sobre esta experiencia que estoy viviendo aquí, como me siento y que espero para el 2019… Antes de eso quiero explicar el nuevo proyecto en el que estoy trabajando con el comité de Educación y que me encanta. A mitad de Enero vamos a realizar un taller de inglés para niñxs de 4-5 años con el fin de incentivar y motivar desde pequeñxs el aprendizaje de otra lengua. Desde la cooperativa se aprecia interés por un óptimo desarrollo en edades tempranas comprendiendo los beneficios que esto puede tener en su aprendizaje y el impacto positivo para su futuro, y demuestra que el enfoque de Manduvirá es mucho más amplio de lo que se puede esperar, realmente existe una preocupación y deseo de desarrollo para la comunidad de Arroyos y esteros… En lo personal me fascina el alcance y compromiso social de la cooperativa, sin duda es una de las cosas que más me gustan de trabajar aquí.

Volviendo al inicio y activando el modo reflexivo, me da pena que tan solo queden 4 días para terminar el año… La verdad es que 2018 me ha regalado grandes momentos, experiencias y personas geniales pero sobre todo me ha dado algo que yo soñaba desde hace mucho, un voluntariado internacional. Siempre me atrajo la idea de formar parte de un proyecto solidario y ético, inmersa en otro ambiente, otra cultura… A pesar de mi poca experiencia profesional, en Manduvirá estoy comenzando a desarrollar habilidades sociales, emocionales y laborales que en otro ámbito no habría podido y estoy experimentando sobre mis virtudes y debilidades. Llegar a otro país diferente al tuyo, lejos de tu entorno por mucho tiempo, es complicado no lo voy a negar. A veces me resulta muy dura la distancia y extraño a mi familia, pareja, amigos, ciudad…(Y más aún en estas fechas especiales). Experimentas soledad, tristeza y nostalgia pero al mismo tiempo alegría y satisfacción cuando trabajas en algo que te gusta, participas en proyectos solidarios con unas compañeras de trabajo estupendas y observas los resultados del esfuerzo realizado por el departamento en la distintas actividades que se han realizado. Estoy muy contenta porque este 2019 todavía me quedan tres meses en Paraguay para seguir aprendiendo y conociendo sobre su encanto… No puedo decir nada malo de este hermoso País que desconocía y que tanto me está enseñando. Me encanta Paraguay; su gente, su gastronomía y paisajes no tienen nada que envidiarles a otros países latinos… Espero poder hacer algo de turismo interno para conocer otras ciudades!!!

En definitiva este año ha sido bastante intenso, loco y lleno de oportunidades… Para mí ha supuesto un antes y un después, un nuevo paso en mi vida, mi mente ha cambiado y mis expectativas también…

En esta entrada tengo que atinar muy bien, tengo que poner “mucha carne en el asador” y aprovechar para hablaros de mis gentes. Pero eso sí, voy a ser fiel a la pretensión que tenía con base al mes de noviembre.

El pasado 25 de noviembre se celebró el día mundial contra la Violencia de Género y, como no, ahí estaba yo, metida en la trinchera.

Cuando llegué de Lima, de forma fortuita me invitaron a una reunión donde se hablaría de aquellas actividades que se realizarían desde la Municipalidad de Atalaya; y digo de forma fortuita, porque la circular la recibió mi compañera Edith, que sabiendo mi gran interés en aspectos relacionados con el género, no dudó ni un solo instante en avisarme de tal acontecimiento: ¡Marina, ahí tienes “chamba” de la tuya!

No podría explicaros cómo me siento cuando hablamos de lucha, cuando hablamos de derechos y cuando nuestra arma no es un “machete”, sino nuestra propia voz, las voces que queremos escuchar.

Aunque la realidad sea diferente y el machismo se exprese de otras formas, he considerado muy oportuno implicarme y comprometerme con las mujeres de Atalaya y de forma muy especial con mis niñas de NOPOKI. Entonces, al igual que la señora Mercedes se remangaba para asar el “pollo cangas”, yo me remangué para desmontar todos esos mitos que existen entorno a las construcciones de pareja a través del amor romántico; en eliminar todo tipo de violencia y en utilizar un discurso adecuado para derribar las opresiones a través de la crítica, el análisis y la reflexión. Es bastante gracioso ver sus caras cuando les digo que Cenicienta, en realidad, no quiere compromisos y, además, no come perdices porque es vegetariana. No os voy a negar que en un primer momento pareciera que se espantan, pero tras varios segundos se “parten de risa” e incluso, alguna se reafirma y dice que esa historia es mucho más “chévere”.

Desde NOPOKI, hemos conseguido el apoyo por parte del alumnado para trazar un Plan de Igualdad, donde se revisen todas las formas tanto académicas como personales, atravesando el eje de la perspectiva de género. Para ello, hemos nombrado a dos alumnas y dos alumnos como delegadxs y subdelegadxs de igualdad, de forma que velen por una educación inclusiva libre de machismo. En este sentido, me siento gratamente satisfecha, ya que, al proponerle dicho proyecto, resultaron entusiasmadxs y con ganas de empezar cuanto antes. Ahora, quedamos a la espera de empezar el nuevo curso en marzo para desarrollar todo lo propuesto. Ya estaré al tanto.

Llegado este momento:

¿Sabéis esa sensación de tener sentimientos encontrados? ¿Ese instante en que echas de menos y echas de más de forma simultánea? Bueno, pues en ese punto me encuentro. Quedan apenas tres días para que se cierre otra de las etapas que te brinda una experiencia como esta. En NOPOKI, el curso académico ha concluido y con ello mi experiencia con las personas que han llenado mi vida de forma extraordinaria, el alumnado.

Todos los días de esta semana, al sentarme para almorzar en la “maloka” no podía apartar mi vista de las diferentes mesas donde se sientan las chicas y los chicos de NOPOKI. Sin querer, no he sido capaz de interactuar en la comida como de costumbre, porque mi cabeza la ocupaban preguntas como ¿Volverás a verlxs de nuevo? ¿Es posible que sea la última vez que veas a todas estas personas? ¿Te gustaría volver? ¿Quieres volver?

Al fin y al cabo, sabía que este momento llegaría tarde o temprano, pero ciertamente no estaba preparada para ello, ya que aún son dos meses lo que tengo por delante y mi cabeza no imaginaba que la despedida más intensa iba a ser en este momento. Es cierto que estoy muy contenta porque he aprendido tantas cosas, pero no puedo evitar sentirme triste cuando, por ejemplo, viene mi pequeña Mariela y con su característica voz de pito me pregunta:

“¡Ayy mis! ¿Cuándo regresas de nuevo? ¿Después de ver a tu familia en España? ¡Mis, no te vayas!”

O quizás cuando Iris se acerca, me abraza y me repite a diario:

“¡Mi Marinita, qué hermosa estás hoy! ¡Te voy a echar de menos!”

Cuando Gino cada mañana me envía un whatsapp para saber qué tal he dormido y si he desayunado. Cuando lxs chicxs de la danza me esperan (o más bien espero yo) para decirme que incluso “renegando” me quieren mucho. Cuando me buscan para estudiar Antropología, porque consideran que cuando les explico se enteran “bonito”.

O cuando de la nada escucho un “¡Cuqui!” Y, de repente, tengo a algunx de ellxs a mi lado queriendo acompañarme a donde quiera que vaya.

Julieta. Julieta es tremenda, tiene muy decidido que cuando regrese a España, ella viene conmigo. Casi todos los días me pregunta cuánto cuesta un pasaje y cuánta “plata” necesita para viajar. Ella me aconseja que la adopte, a pesar de tener casi los 19 años, quiere vivir conmigo y poder ser una actriz de primera. Pienso que, tarde o temprano, lo va a conseguir. Se pasa el día entero dramatizando y haciéndome participe de sus interpretaciones.

Y así puedo pasarme horas y horas. Podría escribir tantas cosas de cada unx de ellxs que no acabaría nunca, así que por el momento, las guardo para mí.

El pasado domingo llamé a Blanquita para ir juntas a cenar. Como siempre, hablamos sin parar de todo tipo de cosas y, de buenas a primeras, sin tener relación alguna de lo que por el momento hablábamos, se quedó en silencio varios segundos y me preguntó:

“Marina, ¿Qué te llevas de NOPOKI?”

Es una pregunta que puedes contestar de una forma banal y que la respuesta está más que “machacada” por todas aquellas personas que viven una experiencia de cooperación o voluntariado, por ello coges “carrerilla” y dices lo bonito que es todo, lo que has aprendido… Respuestas demasiado preestablecidas que hacen que tu misma te preguntes hasta dónde ha calado tu experiencia.

Cuando intenté responderle, tomé mi tiempo. No me gusta apresurarme ante preguntas de este tipo, que como digo, parecen de fácil respuesta y en realidad son las más complejas de resolver. En ese momento tuve la impresión de ver mi cara en un espejo, ya que puedo describirla a la perfección. Mis ojos abiertos con sorpresa, las cejas bastante arqueadas y mi boca apretaba los labios, tanto que la piel de mi cara lograba estirarse por completo. Mis hombros se encogían y a su vez mi cabeza los acompañaba con movimiento de duda.

“¡Blanquita, me lo has puesto bastante difícil!” – le dije.

Pero ella insistía y quería respuesta a su pregunta.

Entonces, le dije que aún no estaba del todo preparada para responderle a esa pregunta, ya que ahora me quedaban dos meses para digerir todo lo vivido y poder dar una respuesta a la altura. Por suerte, Blanquita es una de las alumnas que voy a seguir viendo, ya que, dado el ciclo tan avanzado en que se encuentra, tiene que realizar sus prácticas profesionales. Le he prometido que antes de irme contestaré a su pregunta.

Por el momento, voy a seguir viviendo como hasta ahora. En realidad, el mes de diciembre va a estar lleno de aventuras y de conocer otros lugares que el Perú ofrece. Voy a visitar otras regiones y otras formas que nada se parecen a las de “mi casa”, la selva. Y además voy a hacerlo de la mano de dos visitas muy especiales que espero con impaciencia. Estoy segura de que disfrutaran de este maravilloso lugar tanto como yo hasta ahora.

Cumpamsan shir senchi juajme! Turasha enerotin pujuktaje! (Lengua Shuar)

¡Un abrazo muy fuerte! ¡En enero estoy de vuelta!

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